Discutir por Güasap o RRSS
Las aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Telegram y las RRSS como Twitter, Facebook, no son buenas herramientas para entablar diálogos útiles, donde se intercambien opiniones y se pueda llegar a alguna conclusión, si se puede lo más consensuada posible. Por supuesto entiendo que son muy útiles para difundir información, coordinarse, pasarse fotos y documentos, etc.
Me intento explicar con dos citas del libro “Las Reglas del Contagio” del epidemiólogo y matemático Adam Kucharski (Capitán Swing Libros – 2020):
Los psicólogos lo definen como el “efecto desinhibidor online”: resguardados de las respuestas cara a cara y de las identidades de la vida real, la personalidad de la gente puede adoptar formas muy distintas. (Página 212)
La investigadora de redes sociales Danah Boyd lo denomina “Colapso del contexto”…/… las interacciones online podrían involuntariamente incluir amigos, familiares, compañeros de trabajo y desconocidos en la misma conversación. Cualquier comentario se puede sacar fuera de contexto, y en medio de la confusión podrían surgir discusiones. (Página 211)
Actualización (2026): el libro es de 2020, anterior a la IA generativa (ChatGPT se presentó a finales de 2022), y desde entonces las cosas han ido a peor. A los dos efectos anteriores hay que añadirles un tercero: ya no sabemos si el interlocutor es una persona. Las granjas de bots coordinan miles de cuentas falsas que repiten y amplifican una opinión hasta que parece el consenso general. A eso lo llaman astroturfing. Y cualquier cuenta puede estar manejada por un modelo de lenguaje capaz de sostener una discusión larga, educada y convincente, en cualquier idioma. Cuando afirma falsedades lo hace con total seguridad (la industria prefiere llamarlo alucinar), así que tampoco sirve como árbitro del debate. Con los deepfakes, un audio o un vídeo ya no valen como prueba. Lo que se colapsa ahora es la realidad compartida. Hasta circula, medio en broma medio en serio, la teoría del internet muerto.
Me intento explicar con dos citas del libro “Las Reglas del Contagio” del epidemiólogo y matemático Adam Kucharski (Capitán Swing Libros – 2020):
Los psicólogos lo definen como el “efecto desinhibidor online”: resguardados de las respuestas cara a cara y de las identidades de la vida real, la personalidad de la gente puede adoptar formas muy distintas. (Página 212)
La investigadora de redes sociales Danah Boyd lo denomina “Colapso del contexto”…/… las interacciones online podrían involuntariamente incluir amigos, familiares, compañeros de trabajo y desconocidos en la misma conversación. Cualquier comentario se puede sacar fuera de contexto, y en medio de la confusión podrían surgir discusiones. (Página 211)
Actualización (2026): el libro es de 2020, anterior a la IA generativa (ChatGPT se presentó a finales de 2022), y desde entonces las cosas han ido a peor. A los dos efectos anteriores hay que añadirles un tercero: ya no sabemos si el interlocutor es una persona. Las granjas de bots coordinan miles de cuentas falsas que repiten y amplifican una opinión hasta que parece el consenso general. A eso lo llaman astroturfing. Y cualquier cuenta puede estar manejada por un modelo de lenguaje capaz de sostener una discusión larga, educada y convincente, en cualquier idioma. Cuando afirma falsedades lo hace con total seguridad (la industria prefiere llamarlo alucinar), así que tampoco sirve como árbitro del debate. Con los deepfakes, un audio o un vídeo ya no valen como prueba. Lo que se colapsa ahora es la realidad compartida. Hasta circula, medio en broma medio en serio, la teoría del internet muerto.
En términos del propio Kucharski: si las ideas se contagian como epidemias, las granjas de bots son los superpropagadores.
Pues ya está dicho.
Salud

