FꓤANCISCO JAVIER ЯODRÍGUEZ AMOЯÍN

Anekdotas o lapsus na razón.

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7 ago 2020

Juzgar el franquismo, juzgar el imperialismo. Las complejidades de la denominada “justicia universal”

Frente Anti-imperialist a internacional/ Matías Viotti Barbalato

Artículo analizando la impunidad judicial del franquismo que sufrimos en este país.

Según el Centro de Estudios Legales y Sociales de Argentina, para el año 2019, este país llevaba 915 condenas por delitos de lesa humanidad, relacionados con la última dictadura cívico-militar, que tuvo lugar entre 1976-1983. En el estado español la dictadura de Franco, no solo no fue condenada, sino que además aún conserva un espacio importante en la política y en la idiosincrasia del país. Aludiendo al discurso jurídico, podríamos decir que logró su “absolución” con la denominada “transición”, por la cual diferentes partidos se ponían de acuerdo para dar paso a una supuesta democracia. Como si casi cuarenta años de dictadura se pudiesen borrar de la noche a la mañana.

Este proceso, que pretendía ser conciliador entre represorxs y damnificadxs, instaló lo que en Argentina se llama la “teoría de los dos demonios”, que para el caso del estado español estaría referida a pretender equiparar la violencia de algunos grupos antifranquistas con la ejercida por la dictadura, olvidando que el 18 de julio de 1936 fue un golpe de estado y que la mal denominada “guerra civil” fue una resistencia al golpe, y al fascismo internacional que amenazaba Europa.

Tras la idea de dos demonios o dos bandos igual de sanguinarios, se busca descontextualizar la historia, desviando la atención de lo que significó el proyecto político de Franco, que tiene sus raíces en la asociación intelectual Acción Española, y que se proponía suprimir una clase social, considerada como una amenaza para lo que se pensaba como “la raza hispánica”. Como ha señalado Salvador Cayuela Sánchez, “el nacional-catolicismo pretendía crear un nuevo tipo de hombre, el homo patiens, caracterizado por su impasibilidad, resignación, austeridad, disciplina, amor a la patria y a la fe católica”.

En nombre de la religión, el régimen estigmatizaba todo lo que no fuera católico, construyendo lo “español” sobre la base de dos características fundamentales: una asociada a los valores de lo que había sido la España imperial, especialmente en América Latina, a través de la idea de la Hispanidad construida por Rodrigo de Maeztu en nombre de la Patria y la Raza; Y la otra, en la idea de España como el pueblo elegido para llevar a cabo una “recristianización” de la población, en una especie de “cruzada” donde “España será más grande, más España cuanto sea más católica”, dirá el dictador.

El franquismo realizó una educación moral en todo el territorio, basada en una política de eugenesia, que si bien en la época predominaba la eugenesia biológica que proponía la esterilización o eliminación de los más débiles, esta no estaba bien vista por su aliado, la iglesia. Por este motivo el franquismo y la misma iglesia generaron su propio discurso eugenésico de carácter católico, para una higiene racial ambientalista basada en la mejora psicológica del fenotipo (expresión del genotipo en función del ambiente) para que no degenere el genotipo (es decir, el conjunto de genes). Esta política penetró en todos los ámbitos institucionales y de la vida cotidiana, como el jurídico; elfamiliar (basado en la familia cristiana); elmatrimonio (basado en el matrimonio cristiano); la educación (que era católica); eltrabajo, donde se suprime la idea de clase por la de nación-católica; la salud basada en los principios de la higiene racial; en la psiquiatríacon los doctores Vallejo Nájera, formado en la Alemania nazi, y el doctor López Ibor del Opus Dei; en la pediatría, a cargo del médico pediatra Bosch Marín que dirigía los programas “Al servicio de España y del niño español”, un programa nacional de puericultura y uno de Maternología basado en el nacional-catolicismo.

El franquismo construyó un enemigo de España a su gusto, deshumanizándolo y aplicando todo tipo de violencias, sin culpa ni remordimientos, con el perdón de dios y de la iglesia. Esta es la raíz ideológica de una política que ejerció una represión masiva y que ha dejado a la España actual, su España, como el segundo país con más desaparecidxs del mundo y una población que debe convivir con sus torturadores y secuestradores de bebés, extraídos entre los años 40 y bien entrados los 90.

Desde este punto de vista, en el marco de la denominada justicia universal detectamos ciertas complejidades que nos llevan a las siguientes preguntas, para reflexionar: ¿por qué, una vez muerto el dictador, a lo único que pudo aspirar el Reino de España fue a la denominada transición, que hasta el día de hoy impide condenar el régimen? Y además, teniendo en cuenta que el estado español entró en el convenio europeo de derechos humanos en 1977 y lo ratificó en 1978 ¿Por qué tampoco es posible condenarlo en el tribunal internacional de derechos humanos de Estrasburgo?

Pues es preciso entender dos cuestiones a este respecto, una nacional y otra internacional, que muy bien explica el jurista Joan Garcés; en el ámbito nacional, como es fácil deducir, tiene que ver con el hecho que en el campo jurídico se mantuvo una herencia de jueces y de un sistema judicial que había jurado lealtad al régimen. Mientras que respecto al ámbito internacional, los obstáculos se presentan debido al apoyo y la connivencia de las potencias internacionales fascistas primero, e imperialistas después, una vez comenzada la llamada Guerra Fría. Debido al apoyo de las potencias fascistas, dirá Garcés, que una vez conseguido el triunfo del golpe, se decide llamarlo “guerra civil” y no “guerra de España”, como se le solía llamar, puesto que la idea de “civil” hace pensar más en un conflicto interno. Garcés dirá que es debido a la colaboración de las potencias internacionales, que siempre que se recurre al tribunal europeo de derechos humanos, la respuesta se repite; “el tema español no se toca”, excusándose en que han pasado muchos años desde que se ratificó el convenio europeo de derechos humanos y evitando así que se exija una reparación económica a los países colaboradores con el régimen.

Visibilizar y analizar estas complejidades, que en la actualidad provienen de países aparentemente democráticos, es fundamental precisamente para no caer en la dominación cultural que nos lleva a pensar el fascismo desligado del orden social neoliberal. El mismo orden que nos ha presentado la democracia como vacía de ideología, y asociada a conceptos como el de “modernidad”, “progreso”, “igualdad” o “justicia”, frente al fascismo, representado como todo lo contario, bajo figuras como la de Hitler, Mussolini o de dictaduras de países del denominado “tercer mundo”. Sin embargo, diríamos que el fascismo no es una reacción al capitalismo, sino una herramienta del liberalismo en momentos de crisis. Si bien los fascismos en Europa, subvencionados por un sector de la burguesía empresarial, terminaron en una lucha de intereses con las democracias liberales europeas y norteamericanas, estas no dudaron en aliarse con la España franquista, terminada la II Gran Guerra, para completar el tablero de una geopolítica que consolidaba la dominación imperial en el mundo; la de los Estados Unidos.

Tanto el franquismo como el imperio tenían en común la necesidad de enterrar el comunismo y sobre todo el anticapitalismo para el desarrollo neoliberal, en una especie de Plan Cóndor a la europea. Por un lado, el Reino de España podría sostener el nacional-catolicismo, con una importante representación del Opus Dei, mientras que por otro el imperio podría suprimir aquellas ideas que amenazaban la sociedad de consumo, impuesta por el mal llamado “libre mercado”. Una alianza que tiene su raíz en 1953, a nivel político militar, con la instalación de las bases militares estadounidenses en el estado, y a nivel económico, con la ley del 27 de julio de 1959, donde se autorizaba a las empresas extranjeras a invertir libremente en el estado.

Así, se forjó una sociedad despolitizada que cree que la política es votar cada cuatro años y una izquierda confundida que no logra articularse, producto de la “anti-política” que el neoliberalismo ha cultivado con mucho éxito durante tanto tiempo, conduciendo, en palabras de Atilio Boron, “al individualismo… a la renuncia de toda estrategia de acción colectiva para superar las condiciones que los oprimen y  explotan. Debemos contrarrestar un sentido común mediante el cual se propaga la idea de que la política es corrupta, perversa y que lo mejor que puede hacer una sociedad es desentenderse de ella, no interesarse… El resultado: el triunfo arrasador de la derecha que se apoya en la generalización de tales creencias y actitudes”.

En resumidas cuentas, desde la sociología se suelen señalar varias etapas del franquismo; la era azul, la tecnocracia, el funcionariato, la restauración… Pues añadiría una cuarta, la del pacto Franco-Yanquee, donde no hay ruptura, sino una adaptación del régimen a la democracia liberal, en función de las demandas del imperio. Así lo confirma el “Tratado de Amistad y Cooperación Hispano-Estadounidense” por el cual el estado español se integraba en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), aprobado por el rey Juan Carlos I y firmado el 24 de enero de 1976, entre el ministro de asuntos exteriores José María Areilza y el secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger. Por tanto, del mismo modo que reformar el estado actual y la constitución del 78 es meterse con el franquismo, hacer una reforma en contra del neoliberalismo, por mínima que sea, es meterse con el imperio. Dos caras de una misma moneda que se enmarcan en el capitalismo global.

Concha Jerez reflexiona sobre la memoria en el Reina Sofía

En la presentación de su exposición hizo un alegato a recuperar la memoria y recordó a nuestro querido compañero Chato Galante.

Concha Jerez en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía:

Muchas sugerencias, voy a mandar a más de un TFG ya que tienen tiempo para entregar hasta el 5 de octubre. La muestra va de memoria, pero no solo de memoria histórica, también de la memoria de tantas cosas que se han hecho en este país desde los 70. Como ella decía recientemente, “si se reconociera más a mi generación, muchos jóvenes no volverían a “inventar el teléfono” (ABC, 24/7/20). Pero, de entre todo lo que he visto, destaca la bajada a las carboneras, enteramente dedicada a la memoria histórica, con la foto de la necrológica de El País de Chato Galante, fallecido recientemente. Él acompaña los testimonios que de las voces que se escuchan y que provienen, en algunos casos, de las jaulas que penden de la escalera. Y así bajamos hacia la gruta, con unas piezas fabulosamente bien integradas en el espacio y culminan en un vídeo proyectado sobre el ladrillo visto, que forma hasta tal punto parte de la proyección que dudo que en otro sitio pueda tener tanta fuerza y riqueza. Mis fotos no le hacen justicia a esta experiencia, ha sido lo mejor de todo. Lo recomiendo vívamente.
Como no podía ser de otra manera, acompañada de los textos de Walter Benjamin:
“La memoria es el medio de lo vivido, al igual que la tierra viene a ser el medio en el que las viejas ciudades están sepultadas. Y quien quiera acercarse a lo que es su pasado sepultado tiene que comportarse como un hombre que excava. Y, sobre todo, no ha de tener reparo en volver una y otra vez al mismo asunto, en irlo revolviendo y esparciendo tal como se revuelve y se esparce la tierra. Los “contenidos” no son sino esas capas que solo después de una investigación cuidadosa entregan todo aquello por lo que vale la pena excavar: imágenes que, separadas de su anterior contexto, son joyas en los sombríos aposentos de nuestro conocimiento posterior, como quebrados torsos en la galería del coleccionista”

La creadora canaria examina su trabajo desde los años setenta hasta la actualidad entrecruzando su propia memoria personal con la memoria colectiva para abordar de forma crítica, en una muestra en el Museo Reina Sofía, asuntos relativos a la represión de la libertad, la censura política y artística o la marginación de determinados colectivos sociales. Hasta el 11 de enero de 2021

Sin ningún género de dudas, Concha Jerez (Las Palmas de Gran Canaria, 1941) es una de las creadoras más importantes del arte contemporáneo español, con una trayectoria extremadamente coherente que ha desplegado desde mediados de los años setenta. Su obra ha sido, convencionalmente, catalogada en el ámbito de los “conceptualismos”, aunque es manifiesto que en su estética está muy presente su formación musical, el vínculo con la órbita de la música procesual de Cage, la influencia de Fluxus y el contacto con ZAJ, pero sobre todo la decisión de trabajar en el ámbito de lo intermedial.

En solitario o en una dilatada colaboración con José Iges, ha realizado infinidad de exposiciones e intervenciones en galerías y museos, tanto en España como en el extranjero. Se trata de una verdadera “mutante-mediática” (un término acuñado por Iges) que fue justamente galardonada en 2017 con el Premio Velázquez de Artes Plásticas.

CONCHA JEREZ, Que nos roban la memoria, julio de 2020. Vista de sala con la obra Límite de la cotidianidad, planta 3 del Edificio Sabatini, Museo Reina Sofía. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores. Archivo fotográfico del Museo Reina Sofía. Arriba, sala de la muestra en la planta 3 del Edificio Sabatini.

Ahora, la creadora presenta en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía Que nos roban la memoria, una exposición cuyo principal eje vertebrador el concepto de la memoria, cuestión que ha ocupado gran parte de su trayectoria. Con esta temática de fondo, la artista recupera y revisa su trabajo desde los años setenta hasta la actualidad desde una perspectiva en la que se entrecruza su propia memoria personal con la memoria colectiva para abordar de forma crítica asuntos relativos a la represión de la libertad, la censura política y artística o la marginación de determinados colectivos sociales.

En las obras e instalaciones multimedia (vídeo, audio, fotografía) que pueden contemplarse en la muestra, en la que ha colaborado la Comunidad de Madrid, aparecen a menudo dos de los elementos utilizados por Jerez desde los inicios de su carrera: las noticias de prensa y los escritos autocensurados como caligrafía ilegible. A ellos ha incorporado temas de actualidad, especialmente aquellos relacionados con el feminismo y la inmigración y su olvido o maltrato en los medios y en las políticas oficiales. Además de la memoria, en su actual etapa personal de reflexión y síntesis de épocas anteriores, Concha Jerez trata otra serie de temas con los que ha venido trabajando recurrentemente a lo largo de estos últimos cuarenta años, como las ideas de ambigüedad, cotidianidad, medición, tiempo, utopía o la vigilancia electrónica y los límites.

CONCHA JEREZ, Que nos roban la memoria, julio de 2020. Detalle de la muestra, planta 3 del Edificio Sabatini, Museo Reina Sofía. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores. Archivo fotográfico del Museo Reina Sofía.

La muestra se despliega por diversos espacios del edificio Sabatini del museo. En la Sala de Bóvedas -en el sótano- y en la planta tercera se presenta una retrospectiva parcial en la que pueden verse algunas de las primeras obras de la artista sobre papel, que han sido expuestas raras veces desde los años setenta, así como instalaciones realizadas a partir de los años ochenta.

CONCHA JEREZ, Que nos roban la memoria, julio de 2020. Detalle de la muestra, planta 3 del Edificio Sabatini, Museo Reina Sofía. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores. Archivo fotográfico del Museo Reina Sofía.

La Sala de Protocolo, en la planta primera, representa el archivo personal de Concha Jerez, ilustrando el recorrido que en el contexto del arte ha venido realizando la artista a lo largo del tiempo. Muestra una selección de dibujos originales de proyectos de Concha Jerez, un enlace virtual a la Base de Datos Ideas Instaladas y a la Base de Datos de Jerez y el músico José Iges Expanded Radio, bocetos de experimentaciones con diversas materias (1972-73), bocetos y obras minimalistas (1972-75), obras originales de Mail Art, objetos intervenidos y publicaciones de la autora.

7 ago 2018

María Servini de Cubría: “Nos cuesta horrores seguir investigando los crímenes del franquismo”

CTXT/César G. Calero

Repaso junto a la jueza Servini de la investigación de los crímenes del franquismo que se está desarrollando en Argentina por las querellas presentadas por las víctimas españoles en los tribunales argentinos.

 

http://ctxt.es/es/20180801/Politica/21138/Argentina-franquismo-Maria-Servini-de-Cubria-juicio-Cesar-G-Calero.htm

 

En el despacho de la jueza María Servini de Cubría, ubicado en el tercer piso de los tribunales federales de Comodoro Py, hay una fotografía que esta magistrada argentina de 81 años guarda con especial cariño. En la imagen puede verse, sonriente, a Ascensión Mendieta, la hija de Timoteo Mendieta, represaliado por el franquismo en 1939 y cuyos restos fueron exhumados hace un año por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) por orden de la justicia argentina. “Me envió la foto así, con el cuadrito”, recuerda Servini de Cubría, que lleva ocho años investigando desde Argentina los crímenes del franquismo, la única causa abierta en el mundo para arrojar luz sobre el periodo más negro de la historia reciente de España.

La denominada querella argentina cuenta ya con cientos de testimonios y pruebas sólidas sobre esa matriz represiva del franquismo, pero avanza muy lentamente por la falta de colaboración de España, una circunstancia que la magistrada y sus colaboradores llevan constatando varios años. “Nos cuesta horrores seguir investigando la causa de los crímenes del franquismo”, se lamenta Servini de Cubría en un diálogo con CTXT. La investigación ha sido un campo minado desde el principio. Una traba después de la otra, como recuerdan la magistrada y los dos colaboradores que la acompañan en la charla con este medio. El primer obstáculo fue toda una enmienda a la totalidad. La querella se interpuso en Argentina el 14 de abril de 2010 en aplicación del principio de jurisdicción universal. Los delitos a investigar fueron tipificados como lesa humanidad, y por tanto, imprescriptibles. Pero España se amparó desde el principio en la Ley de Amnistía de 1977 y en la prescripción de los delitos, aferrándose al argumento de que el delito de lesa humanidad no estaba definido en la época en que se produjeron los hechos.

Cuando vi el cambio de gobierno, pensé: que nos abran las puertas

“Yo creo que es un error lo que está haciendo España porque cada vez, el tema se agranda más y todavía hay gente de esa época que vive”, asegura la magistrada. Su malestar tiene nombre y apellido: “Con (Mariano) Rajoy estábamos mal, poco y nada pudimos hacer. No sé si (Pedro) Sánchez cambiará de opinión, y entonces también cambien de opinión en el poder judicial en España. Eso no lo sabemos todavía. Ojalá que con el presidente Sánchez se pueda avanzar. Cuando vi el cambio de gobierno, pensé: que nos abran las puertas”.

Esas puertas a las que se refiere la magistrada se cerraron casi por completo cuando la Fiscalía General del Estado instruyó en octubre de 2016 a los juzgados provinciales para que rechazaran tomar declaraciones relacionadas con la causa. Para entonces, Servini ya había imputado a 19 excargos franquistas, entre ellos los exministros Rodolfo Martín Villa, Fernando Suárez y José Utrera Molina (fallecido más tarde), el ex policía Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, y el ex guardia civil Jesús Muñecas. La solicitud de detención y extradición había sido denegada en 2014 por las autoridades españolas, que dejaron en papel mojado una orden internacional de Interpol al interpretar que ésta no era vinculante.

La querella argentina, sin embargo, ha seguido su camino contra viento y marea. El primer paso lo había dado en 2010 Darío Rivas, un nonagenario residente en Argentina, cuyo padre fue fusilado por pistoleros de Falange Española. La ARMH y varias organizaciones de Derechos Humanos de Argentina se personaron en la causa y con los años se fueron sumando varios cientos de querellantes. Las dos últimas denuncias corresponden a sendos casos que habían sido rechazados en principio por el juzgado de Servini de Cubría al entender que no se ajustaban al marco temporal y espacial de la investigación. Pero la Cámara Federal de Casación Penal reconoció en junio el derecho de los denunciantes a sumarse a la querella. Se trata de los casos de José Salmerón Céspedes, un policía que se mantuvo fiel a la República y fue fusilado al inicio de la Guerra Civil en Tetuán, y de Gustavo Muñoz Bustillo, un joven de 16 años asesinado por la policía en Barcelona en septiembre de 1978. La causa se adscribe al periodo 1936-1977 y al territorio español pero la Cámara Federal entendió que ambos casos encajan en el objeto de la investigación.

Solo uno de los excargos franquistas imputados ha manifestado su disposición a declarar: Martín Villa

Servini de Cubría pudo viajar sólo en una ocasión a España en el marco de su investigación. Fue en 2014, una breve estancia en la que intercambió puntos de vista con algunos jueces y habló con víctimas de la represión franquista y algunos de sus familiares. Sus sucesivas peticiones para volver a España a interrogar a los imputados cayeron en saco roto. Solo uno de los excargos franquistas imputados ha manifestado su disposición a declarar: Martín Villa, a quien la jueza responsabiliza de la “posible comisión de hechos atroces”. En concreto, el ex ministro del Interior está acusado por los sucesos de Vitoria de marzo de 1976 en los que murieron cinco obreros a manos de la policía, y por la muerte de varios manifestantes en el País Vasco cuando Martín Villa ya era ministro de Gobernación (Interior). El expolítico español pidió declarar pero con exención de prisión, una solicitud que fue rechazada por la magistrada, que le impuso una fianza que el exministro ya depositó, por lo que podrá declarar sin riesgo de quedar detenido.

Servini de Cubría ya ha enviado un exhorto a España para poder realizar esa acción judicial en octubre. De momento, no ha recibido respuesta por parte de las autoridades españolas, pero la magistrada confía en los nuevos vientos políticos: “Con el cambio de gobierno pienso que nos van a permitir ir a España a tomar declaración. Con el gobierno anterior no nos daban ese permiso. La otra fiscal (Consuelo Madrigal, fiscal general del Estado entre 2015 y 2016) nos negó la declaración indagatoria para todos”. En todo caso, la de Martín Villa sería la única declaración de los imputados en la causa.

Pese a todos los palos en la rueda que ha ido colocando España, la querella argentina ha logrado en estos ocho años de trayectoria algunos logros significativos, como el hecho de que por primera vez prestaran declaración testimonial en un juzgado víctimas de la represión franquista. Varios querellantes viajaron a Argentina a finales de 2013 para dejar constancia de sus denuncias. Y otros se acercaron a la embajada argentina en Madrid y contaron sus casos a través de videoconferencias. Desde el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N°1 que dirige Servini de Cubría se han emitido además varias peticiones de exhumaciones a España. “Lo que queremos es poder cavar y tener los cuerpos (de las víctimas), como en el caso de Timoteo Mendieta. Realmente, nos alegramos y nos emocionamos mucho el día en que aparecieron los restos de Mendieta. No se imagina la emoción que teníamos. Entiendo perfectamente el sufrimiento de esa gente y me doy cuenta de su desesperación por encontrar a sus familiares”. Pero esas peticiones dependen en última instancia de la voluntad del juzgado provincial que las reciba en España.

Plan sistemático

La investigación argentina se abrió en aplicación del principio de jurisdicción universal. Según la causa 4591/2010, en España hubo un “decidido plan de ataque sistemático y preconcebido para eliminar a todo oponente político”. Ese plan fue ejecutado, de acuerdo a la investigación, “por el grupo de militares alzados, la Falange Española y otras organizaciones afines de apoyo a la insurrección”.

El primer juez que se propuso investigar los crímenes del franquismo fue Baltasar Garzón. El Tribunal Supremo sostuvo que no era competente para hacerlo y poco después le dio la puntilla al apartarlo de la carrera judicial por prevaricación en el caso Gürtel. Garzón declararía después ante Servini de Cubría que la querella argentina era la única posibilidad que tenían las víctimas del franquismo de buscar justicia: “Él insistió en que estamos ante un caso de lesa humanidad”, subraya la jueza.

El futuro depende de que España colabore. O que pidan esta causa y la investiguen allá

En el juzgado de Servini de Cubría no son muy optimistas sobre el futuro de la causa (“nos golpearon mucho y nos pusieron muchas trabas”). Para que no acabe archivada con el paso del tiempo, España debería cambiar su actitud y tener un criterio coherente respecto de la justicia universal, advierte la magistrada: “El futuro depende de que España colabore. O que pidan esta causa y la investiguen allá. Acá hay declaraciones, hay prueba. Pero el problema es que a los jueces españoles no les dejan investigar”. Hasta ahora, a España ni siquiera se le ha movido una ceja por los rapapolvos que ha recibido de la ONU, el Consejo de Europa o Amnistía Internacional por su inmovilismo en este asunto.

No es la primera vez que Servini de Cubría tiene que lidiar con causas de lesa humanidad. Ordenó en su día la detención del exdictador argentino Emilio Massera e investigó también el asesinato del exgeneral chileno Carlos Prats y su esposa, perpetrado en Buenos Aires en 1974 por un agente del pinochetismo. Recuerda la magistrada que en este último caso, Chile colaboró con la investigación. Por eso le pide a Pedro Sánchez que haga lo propio: “Tiene que dejarnos investigar y tratar de calmar los ánimos en su propia nación porque no es cierto que esté todo el mundo tranquilo. La gente ha sufrido y aún sigue sufriendo. Hay que buscar y, en la medida de lo posible, ir entregando los restos (de las víctimas) a los familiares”. Para la jueza, no se trata de abrir heridas ni de despertar rencores. “Las heridas –sostiene– están ahora abiertas”.

 
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