FꓤANCISCO JAVIER ЯODRÍGUEZ AMOЯÍN

Anekdotas o lapsus na razón.

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11 abr 2026

Revista GeoViva

Geo🌍Viva

Noticias en Biología y Geología



Revista de divulgación científica que nace en marzo de 2026 y, con una edición en cada trimestre del curso académico, pretende acercar contenido científico de actualidad y relevancia a la comunidad educativa.

8 abr 2026

GeoViva

Explora, aprende, comprende


TierraViva es una plataforma educativa gratuita que reúne apuntes, ejercicios, recursos didácticos y de divulgación científica para estudiantes y docentes de biología y geología.

2 oct 2023

Datos del CIS.

Según el estudio del CIS 21/09/2023:
De las 10.104 personas entrevistadas, 2.107 un 20% se declaran de derecha (escala del 7 al 10)
De estas 2.107 personas, 236 cobran menos de 1.100 €, un 2% de las personas entrevistadas.
De estas 2.107 personas, 445 cobran ente 1.100 € y 1.800 €, un 5% de las personas entrevistadas.
Estas 681 personas suponen el 32% de quién se declara de derechas.
La extrema derecha y la derecha extrema sí que son transversales, y suponen el patógeno más dañino para un cuerpo social sano: democrático y antifascista.



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7 dic 2021

Isabel Sola, experta en coronavirus del CNB-CSIC.

“Parte de la efectividad de las vacunas podría mantenerse frente a la variante ómicron”

La viróloga, que trabaja en una vacuna de ARN autorreplicativa y esterilizante contra la covid-19, considera que la nueva ola tendrá menos impacto gracias a la vacunación, pero llama a no bajar la guardia.

Con el continente europeo inmerso en la cresta de una sexta ola de casos de covid-19, en el mundo saltan las alarmas por la nueva variante ómicron. Los números parecen preocupantes pero la investigadora experta en coronavirus Isabel Sola, una de las voces de la pandemia de covid-19, no se muestra tan pesimista como podría haberlo estado en el 2020. “Esta ola no va a tener aquí el mismo impacto social y sanitario que pudo tener el año pasado”, afirma. La diferencia la marca la vacunación masiva de España.

La viróloga codirige junto a Luis Enjuanes el Laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), donde trabajan en una revolucionaria candidata a vacuna basada en ARN con capacidad para autorreplicarse. Se trata de un suero de segunda generación, en palabras de la doctora, que abre camino a futuras vacunas y tratamientos centrados en esta tecnología.

A las vacunas se suman los nuevos antivirales, que ya se ponen en marcha para evitar casos graves en infectados con factores de riesgo. A pesar de ello, Sola pide no bajar la guardia. Las Navidades están a la vuelta de la esquina y las reuniones serán inevitables. Distancia y test son dos buenas medidas para proteger a los más vulnerables.

Su vacuna lleva las instrucciones para proteger de las variantes del SARS-CoV-2 más habituales, ¿se podría actualizar si aparecieran nuevas mutaciones como la variante ómicron?

Lo que se ha visto en estos casi dos años es que los cambios de las variantes no eran tan radicales. Así, las vacunas basadas en la secuencia original del virus seguían dando una protección muy buena frente a distintas variantes posteriores. La variante ómicron acumula un número de mutaciones significativamente mayor, algunas ya presentes en otras variantes y otras nuevas.
Es necesario esperar hasta tener más información sobre la efectividad de las vacunas frente a ómicron, pero es posible que no sea un efecto de todo o nada y que no se pierda completamente su función. En cualquier caso, actualizar las vacunas actuales no es demasiado complicado técnicamente. Nuestro candidato ya incluye algunas de las mutaciones más significativas de la proteína S [la llave que permite que los virus infecten las células]. Además, al incluir otras proteínas del virus, podría conservar mayor efectividad frente a nuevas variantes.

Con la sexta ola puede dar la impresión de que el problema del SARS-CoV-2 no se acaba y que ni con las vacunas se consiguen evitar los repuntes.

La situación de este año no es comparable con la del año pasado. Es cierto que los números de incidencia preocupan, pero también que eso no se traduce inmediatamente en un aumento de la presión hospitalaria ni de las muertes, porque ahora tenemos la contención de la inmunidad. Las vacunas protegen sobre todo de la enfermedad severa pero no protegen, o solo lo hacen parcialmente, de la infección, con lo cual un vacunado se puede infectar.

Se está pensando en utilizar un nuevo criterio de medida del estado de la pandemia, como podría ser el número de hospitalizados, por ejemplo, algo que realmente resulte más representativo de la situación general. Ahora bien, cuantos más casos nuevos mayor será la probabilidad de hospitalizaciones, porque las vacunas tienen una muy alta efectividad, pero no del 100 %. Y entre esas personas inmunizadas habrá algunas que sean más susceptibles y que, si se infectan, puedan acabar ingresadas.

¿Qué debemos esperar entonces para estas Navidades?

No es una situación tan oscura como hace un año, pero seamos cuidadosos, porque el virus está circulando. Si nos juntamos con mucha gente y no lo hacemos en condiciones de seguridad, podemos transmitir ese virus a otros más vulnerables. Así que no nos olvidemos de no reunirnos demasiadas personas, de ventilar, de llevar mascarillas… De no abusar de la normalidad que vamos recuperando para evitar males mayores.

¿Qué opina de pedir el pasaporte covid en los espacios compartidos?

Es cierto que las vacunas no protegen completamente de que nos infectemos, así que desde ese punto de vista se podría pensar: ¿de qué sirve decirle a alguien que demuestre que se ha vacunado, si esa persona puede estar infectada? Pero sí que se está viendo cada vez más claro que los vacunados presentan un menor riesgo de contagiar a otras personas.

Desde este punto de vista, el pasaporte covid es una forma de limitar la entrada del virus en determinados grupos. Sin embargo, la vacunación por sí sola es fundamental pero no es suficiente. Tiene que ir acompañada también de test. El 80 % de la gente es asintomática o da síntomas muy leves. Es un virus silencioso. De forma que, ahora que inevitablemente va a haber muchas reuniones de gente, tiene que hacerse test. Una prueba ayuda a que tengamos una cierta seguridad de que alguien no está transmitiendo el virus.

¿Qué supondrá para nuestro país disponer de la vacuna de la empresa Hipra?

Cualquier medida nueva es bienvenida y los datos sobre su efectividad parece que son positivos. La ventaja de estos antivirales es que son orales. Eso significa que cuando una persona con factores de riesgo, y por tanto con bastantes números de enfermar gravemente, da positivo en un test puede tomar de inmediato la medicación en su casa para prevenir la evolución de la enfermedad. Porque estos antivirales, que van directamente contra el virus, tienen que utilizarse tempranamente para que funcionen. Es un arma más para poder defendernos del virus en personas ya infectadas y cuanto más armamento tengamos, mejor.

¿Podemos respirar tranquilos ahora que contamos con los primeros antivirales?

Es cierto que en este momento no está habiendo problemas de suministro de vacunas y que hasta ahora ha funcionado la estrategia de inmunización de la población y la efectividad de los sueros. Así que, si bien puede que no vaya a cambiar el curso de la vacunación, creo que estratégicamente es muy importante que se haya desarrollado una vacuna en una compañía española. Y disponer de cualquier medicamento propio da también cierta autonomía para un país.

Pero este suero puede tener utilidad sobre todo por su naturaleza: su diseño se basa en proteínas recombinantes, mucho más estables que el ARN, así que no depende de ultracongeladores para su almacenamiento y transporte, y su producción es más económica. Ello lleva a que esta candidata pueda tener utilidad en otros países o en determinados lugares en los que las vacunas de ARN tienen un acceso más complicado. También puede ser muy útil para reinmunizar, si fuera necesario seguir administrando nuevas dosis que mantengan la inmunidad. Precisamente su ensayo clínico consiste en analizar su eficacia como tercera dosis.

¿Hay ya una fecha para los ensayos clínicos de la vacuna en la que está trabajando su equipo?

En estos momentos estamos ensayando la protección que inducen las vacunas en ratones y la caracterización de la inmunidad. La gran limitación de los ensayos clínicos es su financiación, dado su alto coste. Un laboratorio no puede financiarlos con su proyecto, hace falta una compañía que lo haga. Y ahora no existe la misma urgencia que había hace poco más de un año, porque ya tenemos vacunas que funcionan muy bien y que se están produciendo a gran escala.

Así que, para una empresa, generar un producto alternativo a otro que funciona adecuadamente tal vez no sea en estos momentos una prioridad. De ahí que el interés actual se centre en ofrecer soluciones que supongan un cambio cualitativo.

Esto va un poco en la línea en la que estamos trabajando: vacunas de nueva generación basadas en ARN autorreplicativo, lo que puede llevar algo más de tiempo. Porque serían útiles frente a la pandemia actual, pero se podría pensar también en un nuevo concepto de vacuna de ARN, cuyo uso futuro resultaría aplicable a otras enfermedades.

¿Cómo sería la vacuna ideal?

Una vacuna ideal debería ser muy segura, como los ARN sintéticos, y muy eficaz. Es decir, que induzca inmunidad esterilizante, que protege no solo de la enfermedad, sino también de la infección, y duradera. Nuestro candidato inmuniza frente a distintos antígenos virales, por lo que podría dar una inmunidad más completa y duradera. La administración intranasal permitiría conseguir inmunidad esterilizante.

Como trabajamos en un replicón de ARN, tiene también la ventaja de que permite administrar una dosis menor y así reducir su coste. Se basa en el genoma del virus modificado para que no se propague por el organismo, por lo que es muy segura, pero mantiene la maquinaria de replicación de los coronavirus. Por ello, con una cantidad pequeña de moléculas basta, porque ellas se multiplicarán luego miles de veces dentro de las células de las personas. La producción de la vacuna puede ser en células cultivadas en el laboratorio o de forma sintética.

¿Cuál de las dos formas es mejor?

Producirla en células es más sencillo y menos costoso. Pero a lo que se tiende ahora es a fabricar vacunas lo más sintéticas posible por su mayor seguridad, en el sentido de que son químicamente definidas, sabes lo que pones y por tanto también puedes controlar los efectos adversos. Actualmente trabajamos en reducir la longitud de nuestro replicón para poder producirlo eficientemente por síntesis in vitro, por eso es un proyecto de más largo alcance. Nuestro replicón tiene más de 20.000 nucleótidos, frente a los entre 4.000 y 5.000 nucleótidos de los ARN que usan Pfizer o Moderna.

¿Se abre ahora una nueva era de las vacunas?

Yo creo que sí. La experiencia con las vacunas de ARN ha abierto un nuevo horizonte en cuanto a las capacidades que tiene el ARN como vacuna o incluso como molécula terapéutica, entre otras cosas. Desde el punto de vista de la industria farmacéutica, al principio había cierto escepticismo, pero las compañías han visto que es posible producir a gran escala un producto que se puede vender en momentos de necesidad y que tiene un coste asumible.

Y desde el punto de vista de la sociedad, la gente se podía mostrar reticente en un primer momento, pero el escepticismo desaparece cuando ves que sociedades enteras están protegidas. Las vacunas no son perfectas, pero no tiene nada que ver cómo estamos ahora con cómo estábamos hace un año, cuando todavía no se había empezado a vacunar. Digamos que las vacunas de ARN ya han entrado en nuestras vidas como una muy buena opción.

¿Qué será de su grupo de investigación cuando el SARS-CoV-2 no esté en el primer plano?

Lo que ha pasado con los grupos de coronavirus a lo largo de este siglo XXI, cuando aparecieron otros dos virus SARS-CoV y MERS-CoV, en el 2002 y en el 2012, respectivamente, es que la financiación aumentó mucho, con el consiguiente aumento del número de grupos de trabajo. Cuando cayó la financiación nos quedamos en el tablero unas pocas piezas, que llevábamos toda la vida investigando en coronavirus. Nuestro grupo lleva más de 35 años trabajando en coronavirus con dinero de distintas fuentes.

Tienes que ir innovando y creando proyectos que sean interesantes para que puedan recibir financiación competitiva de la Unión Europea, Estados Unidos, España, de compañías… de lo que sea. Continuaremos en el mismo camino por el que veníamos. Vamos a seguir investigando las bases de la virulencia de los coronavirus, es decir, qué factores tiene el virus que le hacen causar la enfermedad. Pero lo hacemos con una vocación aplicada para que esa información básica pueda tener una utilidad en el futuro en el desarrollo de vacunas y antivirales.

¿Esta crisis ha beneficiado de algún modo a los centros de investigación, más allá de la visibilidad y de la financiación? Por ejemplo, Sonia Zúñiga, investigadora senior en su grupo, tiene ahora un contrato indefinido.

La pandemia, como dices, ha visibilizado el trabajo de grupos de investigación. Eso ha reactivado procesos de estabilización, ya iniciados antes, de muchas personas que llevaban años trabajando en puestos estructurales y sin embargo contaban con contratos temporales. La doctora Sonia Zúñiga lleva 20 años en el laboratorio, como el doctor Juan García Arriaza, del grupo de Mariano Esteban. Ambos tienen ahora un contrato indefinido de doctor que les da una estabilidad que no tenían antes.

La pandemia ha hecho visibles trabajos que antes pasaban más desapercibidos y habrá beneficiado a personas, grupos de investigación e instituciones. Siempre es positivo que se dé valor al trabajo esencial realizado en investigación, sanidad y en tantos sectores de la sociedad. Otra cosa nueva que nunca había ocurrido en España son las donaciones a la ciencia de particulares y de empresas, motivadas por la necesidad de encontrar una solución. Pero también por la confianza en la ciencia. Esto creo que sería muy positivo que se mantuviera.

¿Es viable que se produzca una mejoría en la situación de la investigación en España?

Los investigadores han hecho lo que estaba a su alcance y han tenido contribuciones muy positivas, pero lo ideal sería eso se tradujera en algo estructural, que permanezca. El problema es que la memoria es muy frágil. España tradicionalmente ha invertido en ciencia menos que los países del entorno. Espero que la experiencia actual se traduzca en un cambio cualitativo y que cada vez que un gobierno piense en los presupuestos intente aumentar un poco la inversión en ciencia del año anterior. La ciencia no se improvisa de un día para otro. Necesitas instalaciones, personal con conocimientos y con experiencia.

¿Ya ha habido iniciativas concretas?

En lo que respecta a las enfermedades infecciosas, y gracias al hecho de reconocer el valor de la ciencia y también al dinero que va a venir o que está viniendo de Europa, España se ha propuesto construir nuevas instalaciones de alta seguridad de nivel P3 y P4, que permiten trabajar con los patógenos más peligrosos. En la actualidad no hay en España ningún laboratorio de bioseguridad P4. Ahora bien, lo importante no es solo construir la instalación, luego viene su mantenimiento y dotarla de personal muy especializado con formación en bioseguridad. Para eso se va a necesitar también el compromiso no solo puntual, sino en el tiempo.


30 nov 2021

Nueva variante del SARS-CoV-2

Qué sabemos sobre la nueva variante del SARS-CoV-2 detectada en Sudáfrica.
Se ha identificado en Sudáfrica una nueva variante del coronavirus causante de la covid-19, con numerosas mutaciones presentes en otras variantes, incluida la delta. La variante B.1.1.529, como se la llama por ahora, parece propagarse con rapidez en el país. Estas son las reacciones rápidas de cuatro investigadores españoles expertos en vigilancia genómica.
"Lo importante es tener en todo el mundo la capacidad de identificar estás amenazas potenciales, seguirlas y valorarlas". Iñaki Comas, CSIC.

Ómicron, lo que no sabemos de la nueva variante.
No sabemos si es más transmisible, no sabemos sí sustituirá a otras variantes, no sabemos si es más virulenta y causará enfermedad más grave, no sabemos si será más fácil de reinfectarse, no sabemos si será más peligrosa en niños pequeños, no sabemos si escapará de las vacunas actuales, no sabemos si se extenderá por todo el planeta…, pero tenemos que vigilarla.
.../...
Necesitamos tiempo para conocer más sobre esta variante. Pero lo que esto demuestra una vez más es que estamos en una pandemia global y lo que ocurra en otros países nos afecta. Cuantos más infectados haya por el mundo, más virus habrá, más variantes podrán surgir. La vacunación debe ser global. Y en África poco más del 7% de la población está vacunado. Eso es lo que nos debería alarmar.
Por Ignacio López-Goñi.

Fuente: @jcbarret Jeffrey Barrett)

1 oct 2021

El confinamiento eliminó las variantes de coronavirus circulantes durante la primera ola en España.

Investigadores de varias instituciones españolas han publicado los datos más completos sobre las variantes del coronavirus que dominaron las primeras olas en España. El trabajo confirma que el encierro impuesto sirvió para reducir drásticamente la transmisión de estas variantes, incluso de las más contagiosas.

Año y medio después de la irrupción de la pandemia se publica el artículo científico más completo sobre las variantes del coronavirus que circularon por España durante la llamada primera ola. El estudio, publicado en Nature Genetics, identifica nueve variantes del virus que dominaron entre los meses de marzo y junio de 2020.
Entre ellas, las dos más comunes procedían de un linaje del SARS-CoV-2 abundante en países asiáticos en ese momento, aunque el virus se introdujo principalmente por contactos procedentes de países europeos con más de 500 introducciones.
El trabajo confirma que el confinamiento impuesto sirvió para reducir drásticamente la transmisión de estas variantes, incluso de las más contagiosas, que fueron sustituidas por otras a partir del verano de 2020 cuando se relajaron las medidas de control.
El estudio utilizó 2.500 muestras de pacientes diagnosticados en España durante la primera ola de la pandemia, recogidas por 40 hospitales y secuenciadas por el consorcio SeqCOVID, un equipo integrado por más de 50 instituciones españolas y cientos de investigadores que lideran el Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV), del CSIC, junto con la Universitat de València y la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana (Fisabio).
Las muestras analizadas suponen un 1 % de todos los casos diagnosticados en la primera ola (el 14 % antes del confinamiento).

Superdispersión y movilidad, clave en las diferentes olas

El grupo de investigación identificó nueve variantes del virus (denominadas SEC, del inglés spanish epidemic clades), que fueron las que dominaron esta primera ola en España. Dos de ellas (SEC7 y SEC8) fueron las primeras detectadas en el país y las predominantes durante ese periodo, y se asocian al menos a dos eventos de superdispersión conocidos: el partido Atalanta-Valencia de la Champions League y un funeral de Vitoria, aunque se identifican focos tempranos en otras partes del país.
No hubo una única introducción del virus en España sino múltiples entradas independientes (al menos 500), desde distintos orígenes internacionales. Estas se dieron principalmente durante febrero y marzo de 2020, antes de la implementación de las medidas de control.
“La mayoría de infecciones de la primera ola antes del confinamiento en España fueron provocadas por cepas del linaje A del coronavirus. Estas eran abundantes en los países asiáticos en aquel momento, pero tenían menos presencia en el resto de países europeos, donde dominaban cepas de linaje B”, explica Álvaro Chiner, investigador en el IBV.
“Esto no quiere decir que las introducciones de SARS-CoV-2 en nuestro país fueran mayoritariamente asiáticas. En realidad, vemos que la mayoría provienen de países europeos, pero las cepas de linaje A se establecieron antes y –gracias a eventos de superdispersión– se expandieron en nuestro país rápidamente”, añade.
Los científicos observaron un patrón similar para la variante que dominó en la segunda ola (denominada 20E(EU1)). Dicha variante se expandió rápidamente en España ayudada por eventos de superdispersión y terminó dominando la segunda ola en el país y gran parte de Europa, asociada a la movilidad del verano.

Confinamiento eficaz

Además, el trabajo cuantifica la efectividad de las medidas implementadas para el control del virus durante la primera ola. Todas las variantes identificadas redujeron su prevalencia y transmisión a partir del estado de alarma. Prácticamente desaparecieron al final de la primera ola, y fueron reemplazadas por nuevas variantes que surgieron en el verano, cuando se relajó el encierro.
“El confinamiento fue altamente efectivo para parar la transmisión del virus. No solo para las variantes dominantes SEC7 y SEC8, sino para todas las que circulaban en aquel momento, incluyendo aquellas que contenían la mutación del gen S –llamada D614G–, que fue la primera que demostró incrementar la transmisibilidad del virus”, remarca Mariana López, investigadora del IBV y coautora del estudio.
“Algo similar estamos viendo a través de las olas. Detectamos variantes más transmisibles, pero su impacto se puede controlar con las medidas de control adecuadas. Allá donde esas medidas no han existido o son más relajadas, las variantes han agravado los rebrotes. Ocurrió en Reino Unido con la variante alpha y está ocurriendo en España con la delta”, indica Iñaki Comas, coordinador de SeqCOVID.
Los resultados de este trabajo, así como el de la segunda ola –publicado recientemente en Nature–, demuestran la necesidad de incorporar la epidemiología genómica como una herramienta más de salud pública para rastrear el virus e identificar las variantes de mayor impacto.

7 sept 2021

SINC entra en el Covid Vaccine Media Hub como nodo español contra la desinformación.

La agencia de noticias científicas es el nuevo miembro de la iniciativa global sobre las vacunas de la covid destinada a periodistas y fact-checkers. Sus recursos aportan información veraz basada en pruebas y ayudan a poner en contexto la actualidad.
La agencia de noticias científicas SINC ha sido seleccionada como nodo español de la iniciativa Covid Vaccine Media Hub, un proyecto internacional de información veraz para periodistas sobre las vacunas de la covid, que ofrece a los profesionales y al público general el análisis de fuentes expertas sobre las últimas investigaciones y evidencias relacionadas con la vacunación.
Desde julio de 2021, SINC publica contenidos propios en la web del Covid Vaccine Media Hub (Centro de Medios de Comunicación de las vacunas covid-19) elaborados por las periodistas especializadas en ciencia de la agencia SINC, con el análisis y la revisión de fuentes expertas. En ellos, SINC aporta información y contexto sobre diversos temas relacionados con las vacunas de la covid, en especial sobre aquellos que suscitan controversias sociales y están ligados a la actualidad informativa.
Al difundir sus artículos tanto en inglés como en castellano, SINC ofrece las voces expertas de la comunidad investigadora española como fuentes de información tanto para los periodistas hispanohablantes como para los profesionales de la información de cualquier país del mundo.
Las organizaciones que forman parte de este gran centro internacional, a las que ahora se suma SINC, son los Science Media Centres de Australia, Alemania, Reino Unido, Nueva Zelanda, Canadá, Taiwán y África; la organización SciLine de EE UU; y los nodos de la organización sin ánimo de lucro Meedan en diferentes regiones del planeta.

La ciencia en los titulares

El Covid Vaccine Media Hub reúne múltiples fuentes de información basada en pruebas sobre las vacunas, con una gran variedad de contenidos útiles para periodistas, entre los que se encuentran documentos explicativos, comentarios de expertos y sesiones informativas online. Creado en marzo de 2021, su objetivo es que periodistas y fact-checkers de todo el mundo cuenten con una herramienta fiable en la lucha contra la desinformación sobre las vacunas de la covid-19.
En colaboración con Meedan y con el apoyo financiero de Google News Initiative, el hub de vacunas covid ha sido desarrollado por el consorcio mundial de Science Media Centres (SMC), una red de oficinas de comunicación independientes que ayudan a garantizar que, cuando la ciencia ocupa los titulares periodísticos, el público tenga acceso a la mejor información basada en pruebas a través de los medios de comunicación.
El objetivo de la agencia de noticias científicas SINC, puesta en marcha por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) en 2008, es aumentar la presencia de informaciones científicas de calidad en los medios de comunicación y de esta manera satisfacer y fomentar la demanda de información científica. SINC se ha convertido en una herramienta de referencia para los periodistas científicos de medios nacionales, regionales e internacionales; y su posición de liderazgo se ha reforzado con la pandemia. En marzo de 2020, la agencia SINC fue distinguida internacionalmente como “fuente fiable sobre la covid-19” por el European Science-media Hub del Parlamento Europeo.

16 ago 2021

Virus frente a vacunas, una batalla evolutiva que debe ganar la ciencia.

Por Luis Enjuanes, Isabel Sola y Sonia Zúñiga, investigadores del Laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC).

Con la población humana como campo de batalla, el SARS-CoV-2 y las vacunas llevan meses enzarzados en una escalada evolutiva. Ayer se hacía público que PHH-1V de la compañía Hipra será la primera vacuna contra la covid desarrollada íntegramente en España que se probará en humanos. Otro equipo español quiere lograr una vacuna nasal, capaz incluso de impedir la infección y expone aquí las estrategias de que dispone la ciencia.
El equipo de Isabel Sola, Luis Enjuanes y Sonia Zúñiga en el laboratorio de coronavirus del CNB-CSIC / CSIC

Los virus mejoran su estrategia para evitar nuestra respuesta inmune, y los científicos tienen que evolucionar sus vacunas para mantener su capacidad de defensa. Estamos ante una lucha interminable, pero la ciencia ha conseguido eliminar algunos virus y es posible que también termine con el SARS-CoV-2, eso sí, con un trabajo constante.
En la actualidad hay más de 200 candidatos a vacunas de diversos tipos en desarrollo para prevenir las infecciones por coronavirus patógenos como el SARS-CoV-2. Estas vacunas se basan en una larga lista de tipos y tecnologías.
Las compañías farmacéuticas dedicadas a su producción prefieren desarrollar vacunas químicamente definidas, basadas en pocos elementos que no puedan evolucionar, tales como proteínas purificadas. Sin embargo, estas vacunas no suelen ser inductoras de respuestas inmunes fuertes en mucosas, que es donde se requiere la inmunidad que protege frente la invasión de virus respiratorios como los coronavirus.

Vacunas aspiradas versus inyectadas

Esta inmunidad solo se induce eficientemente proporcionando un antígeno que se expresa en las propias mucosas respiratorias, por lo que su administración debería de ser intranasal.
Esta ruta de administración requiere más controles que muestren que la vacuna no cruza la barrera hematoencefálica, pasando desde la circulación sanguínea al cerebro y causando problemas secundarios adversos, por lo que son más difíciles de aprobar por las agencias reguladoras del medicamento. En consecuencia, las farmacéuticas se decantan inicialmente por las vacunas administradas intramuscularmente.
Ahora bien, la administración de antígenos por vía intramuscular induce una respuesta inmune humoral y celular sistémica —en órganos internos— que es de bajo nivel y corta duración en las mucosas, lo que implica la necesidad de administrar al menos dos dosis para inducir una respuesta inmune que dé una inmunidad esterilizante —que no permita el crecimiento del virus en una posible reinfección posterior—. Este es un problema común de las vacunas actuales frente al SARS-CoV.

Vacunas modernas gracias al conocimiento

Se consideran vacunas modernas aquellas que se han derivado del estudio de la interacción del virus con el hospedador. Estas investigaciones han facilitado la identificación de genes del virus no esenciales para su replicación, pero cuya eliminación los atenúa.
Normalmente estos genes del virus están implicados en la neutralización de la respuesta innata del hospedador —el organismo humano, en este caso—, que actúa a las tres o cuatro horas después de la infección por los virus, evitando así la producción de los interferones, llamados así porque estas moléculas interfieren con la replicación de los virus. Los virus atenuados generados por técnicas de ingeniería genética son candidatos a vacunas.
Las otras vacunas modernas están basadas en ARN mensajero (mRNAs), que expresan la proteína S de coronavirus.

Basadas en virus recombinantes o inactivados

Una docena de vacunas para el SARS-CoV-2 ha entrado ya en ensayos clínicos fase III en humanos, la etapa en que se verifican de forma robusta la seguridad y la eficacia. De ellas, cuatro están basadas en vectores derivados de adenovirus recombinantes que expresan la proteína S del SARS-CoV-2; son vacunas que se crecen con títulos muy altos, por lo que su coste es relativamente reducido.
En esta categoría entran dos ya aprobadas y que actualmente se administran en España: la de la Universidad de Oxford y la compañía AstraZeneca, basada en un adenovirus de chimpancés; y la vacuna de la compañía Janssen Pharma que utiliza un vector basado en el adenovirus humano 26.
Las demás son una vacuna de la compañía CanSino Biologics en colaboración con el instituto de Biotecnología de Pekín (China), basada en el adenovirus humano 5; y la vacuna rusa desarrollada por el Instituto Gamaleya de Moscú, basada en dos adenovirus con serotipos 5 y 26 (uno de ellos se aplica en la primera inmunización y el otro en la segunda, lo que permite que la inmunidad inducida por el primero no afecte a la aceptación de la segunda dosis, también basada en un adenovirus).
Otras vacunas, como la de la firma china Sinovac y de la farmacéutica Nacional China Sinopharma, están basadas en el SARS-CoV-2 inactivado químicamente. El 90% de las personas vacunadas con ella produjeron anticuerpos neutralizantes específicos para el virus, y manifestaron síntomas adversos suaves, pero no reacciones de importancia.

Basadas en ARN mensajero

Las dos primeras vacunas contra la COVID-19 que han conseguido ser aprobadas están basadas en mRNAs que codifican la proteína S del SARS-CoV-2. Estas vacunas están producidas por un consorcio de las compañías BioNTech (alemana) y Pfizer (estadounidense), o por la compañía estadounidense Moderna y los Institutos Nacionales de Salud de EE UU.
Ambas inducen una protección de en torno al 95%, pero no inducen una inmunidad esterilizante, por lo que habrá que mejorarlas en un futuro próximo.

Una decena de vacunas desarrolladas en España

En nuestro país se están desarrollando más de diez vacunas basadas en algunas de las tecnologías citadas. De ellas, los tres candidatos más conocidos se están diseñando en laboratorios del CSIC.
La que desarrolla el equipo de Vicente Larraga en el CIB-CSIC está basada en un vehículo sintético de ADN -un plásmido-, en el que se introduce un gen del propio coronavirus SARS-CoV-2 para que una vez inyectado estimule la inmunidad del receptor.
La vacuna dirigida por Mariano Esteban con la colaboración de Juan García Arriaza, en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), utiliza una variante del virus de la viruela fuertemente atenuada porque a su genoma se le han eliminado en torno a un 30% de sus genes y es, de las vacunas del CSIC, la que va más adelantada.
La vacuna desarrollada por Luis Enjuanes con la colaboración de Isabel Sola en el Laboratorio de Coronavirus del CNB está basada en replicones RNA derivados de los genomas de los virus MERS-CoV o del SARS-CoV-2. Un replicón es una copia del genoma RNA del virus, del que se han eliminado varios genes; por ello está atenuado y su propagación es deficiente, lo que lo hace muy seguro. Al mantener genes que codifican antígenos que inducen protección, estos replicones inducen una respuesta inmune protectora.
En ensayos preclínicos en modelos animales los replicones RNA derivados del MERS-CoV han mostrado una inmunidad esterilizante. Esto impide que el virus se replique en los animales vacunados, por lo que se bloquea la transmisión del virus.

El objetivo de una vacuna esterilizante española

Una tecnología análoga se está aplicando al SARS-CoV-2, y se están desarrollando dos formulaciones alternativas. Una es la síntesis in vitro del replicón RNA que se administra protegido con polímeros.
La segunda versión se basa en la producción del RNA del replicón dentro de células empaquetadoras, llamadas así porque proporcionan las proteínas que se necesitan para la producción masiva de partículas similares a virus. Estas vacunas tienen un alto potencial, pero todavía han de demostrar su eficacia e inocuidad en las personas.
La inmunogenicidad y estabilidad de las vacunas generadas se puede mejorar modificando la estructura, función y antigenicidad de la glicoproteína S del SARS-CoV-2. Además, su información genética se debe actualizar al menos anualmente para que mantengan su eficacia frente a las nuevas variantes virales que constantemente emergen por la evolución natural de estos virus. La escalada evolutiva virus-vacunas nos obliga a los científicos a estar permanentemente en guardia.

14 ago 2021

Enfermeras: vacunas, ciencia y pasión por la prevención.

Florentino Pérez Raya es presidente del Consejo General de Enfermería.
05/08/2021
Las enfermeras y enfermeros somos fundamentales en esta pandemia, tanto en el cuidado del paciente como en la vacunación de la población general. Nuestro papel se extiende antes y después de la inmunización, acompañando a las personas con humanidad y empatía. Somos las mayores defensoras de la prevención.

Será el paso del tiempo lo que nos proporcione la perspectiva suficiente para asimilar lo que hemos vivido en el último año y medio. Como enfermeras y enfermeros, y como ciudadanos, seguimos expectantes y esperanzados mientras observamos cómo la ciencia puede revertir gracias a la vacunación esta pesadilla que nadie imaginó.
De forma paralela, no dejamos de luchar en los hospitales por sacar adelante a los pacientes que, en menor medida, ingresan por las complicaciones de su infección. Todo ello sin dejar de cuidar a las personas con cáncer, a los diabéticos, a los pacientes pluripatológicos o de atender partos. Como todos sabemos, el abordaje de todo ese universo de patologías ajenas al coronavirus se ha visto resentido.
Las enfermeras, que lo hemos dado todo desde que comenzó la pandemia con un grado de esfuerzo y sufrimiento inimaginable, ahora desempeñamos una labor crucial en el proceso de vacunación de la población. La inmunización a gran escala que se inició a finales del año pasado supone una operación de medicina preventiva sin precedentes.
Sabíamos que iba a salir bien. Si al principio hubo retrasos, fue debido a la escasez de dosis y a problemas logísticos a escala nacional e internacional. Pero en lo que se refiere al personal, la movilización de las enfermeras para desempeñar esta misión fue, sin duda, garantía de eficacia y seguridad. Pero sería un error de base considerar a las enfermeras como meras administradoras de dosis con la inmunización frente al COVID-19.
Pese a las imágenes de los centros de vacunación –en hospitales, estadios o empresas– con colas de ciudadanos que descubren su brazo para recibir el pinchazo, no podemos caer en el error de limitar el acto vacunal a un momento puntual, ni mucho menos considerarlo como una suerte de cadena de montaje o pensar que los seres humanos son sujetos pasivos y aborregados que se ponen la vacuna porque lo dicen las administraciones sanitarias o el Gobierno. No, nada de eso.
Viendo cómo se gestaban las sucesivas fases del desarrollo y la comercialización de las distintas vacunas hemos sido testigos privilegiados del avance de la ciencia, de cómo el saber y los avances tecnológicos pueden cambiar el destino de la humanidad, de evitar que la muerte entre por la puerta de los hogares y destroce familias enteras.
Y en ese proceso admirable, las enfermeras no solo administramos la vacuna, sino que participamos en todo momento: antes, durante y después.
Antes de vacunar hay que entrevistar y analizar las condiciones de salud de base del paciente, así como saber manipular y preparar las dosis. Las enfermeras estamos muy formadas en este campo. Después de la inoculación nuestra labor no termina. Entonces hay que estar alerta –y registrar– cualquier posible reacción adversa al virus atenuado o al ARN modificado, según la vacuna que reciba el ciudadano. Las enfermeras estamos preparadas para actuar ante una emergencia que podría darse como consecuencia de la vacuna o cualquier percance que pudiera sufrir cualquiera de las personas que aguardan su turno.
Hay otra labor silenciosa y no siempre valorada. Desde hace demasiados años, las vacunas se ven rodeadas de un halo de escepticismo y recelo alentado por colectivos antivacunas que ignoran que este avance de la medicina probablemente es el responsable de que ellos estén aquí divulgando noticias falsas y no perdieran la vida a los cinco años por una enfermedad evitable.
Las personas que acuden a vacunarse frente al COVID-19 muchas veces expresan dudas, miedos o nervios. En esos momentos previos y durante la administración de la vacuna, las enfermeras tenemos un papel crucial al proporcionar a la población información fiable y, sobre todo, con humanidad y empatía. Esto es algo inherente a la condición de enfermera.
Las enfermeras somos las mayores defensoras de la prevención, en todos los sentidos, y tenemos que trasladar esa pasión a los pacientes, de cómo, más allá de las vacunas, podemos cuidarnos para evitar algunos problemas de salud en el futuro.
También la sociedad debe aprovechar la desgracia en la que estamos sumidos para valorar los avances científicos, la salud pública o los roles de los profesionales sanitarios. La pandemia ha monopolizado prácticamente todas las conversaciones y las informaciones en los medios de comunicación, y eso ha propiciado que la población aumente su nivel de conocimiento de algunos aspectos de la epidemiología, las vacunas o la microbiología.
Quedémonos con el lado positivo de esta emergencia sanitaria, que ha dejado dolor y ruina económica. Aprendamos de todo esto para saber afrontar desde el punto de vista científico, humano, económico o emocional otras crisis sanitarias que pueden esperarnos en un futuro próximo.
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12 ago 2021

Estos son los mecanismos de las vacunas para activar el sistema inmunitario.

Carlota Dobaño Lázaro es jefa del grupo de Inmunología de la Malaria del Instituto de Salud Global (ISGlobal) de Barcelona, un centro impulsado por la Fundación “la Caixa”.
21/07/2021
Las vacunas contra el COVID-19 activan y generan defensas contra la infección de SARS-CoV-2. Pero, ¿cómo funcionan las células y moléculas que protegen el organismo de futuras infecciones?
Recreación de linfocito T. / © Adobe Stock

El cuerpo humano se defiende frente a agentes invasores a través de un complejo sistema de células y moléculas que reconocen y atacan de manera muy coordinada cualquier señal de peligro que nos aceche: el sistema inmunitario, que puede prevenir la infección y controlar la enfermedad asociada.
En ocasiones, la inmunidad consigue mitigar las manifestaciones clínicas o síntomas de la enfermedad y su gravedad, pero no elimina la infección causante. De este modo, las infecciones pueden dar lugar a un amplio espectro de manifestaciones clínicas, desde presentaciones asintomáticas, pasando por formas leves de la enfermedad, hasta las más graves, e incluso la muerte.
La eficacia de la inmunidad frente a las enfermedades depende del resultado de la interacción entre los tres actores principales: el tipo de patógeno, las características de cada persona y la exposición a elementos del ambiente, como la nutrición.
Las vacunas pretenden activar el sistema inmune y generar una memoria imitando las infecciones, pero sin sus efectos nocivos. Para ello, las vacunas incorporan los elementos fundamentales de la reacción inmune: el adyuvante, que estimula la inmunidad innata; y el antígeno, que estimula la inmunidad adaptativa; formulados con un vehículo que las introduce en las células del sistema inmune.
Las vacunas eficaces son aquellas que imitan o mejoran la inmunidad natural estimulando los anticuerpos y los linfocitos T que, conjuntamente, bloquearán funciones esenciales del ciclo vital del microbio o lo eliminarán para prevenir el contagio o la enfermedad.

Inmunidad innata vs inmunidad adaptativa

La inmunidad innata es la primera línea de defensa tras el contagio inicial. Actúa de una manera rápida, no es específica y no tiene memoria, pero se puede entrenar. Los principales protagonistas a nivel celular son los monocitos, macrófagos, células dendríticas y neutrófilos, entre otros. También destacan las citocinas y quimiocinas, que median la inflamación y la comunicación entre células para activar diferentes funciones.
Las células inmunes innatas patrullan por el organismo preparadas para actuar frente a cualquier agente invasor. Cuando se produce una infección, son las primeras en intervenir localmente en el tejido afectado, de manera que provocan una primera respuesta protectora inflamatoria.
En cambio, la inmunidad adaptativa es una defensa a largo plazo. Tarda más en actuar, porque debe ser activada por la inmunidad innata y madurar. Es específica y tiene memoria, de manera que cuando le presentan un patógeno, recuerda si ya lo ha visto anteriormente y, en ese caso, responde más rápidamente. Esta es la característica clave de las vacunas.
Los principales protagonistas de la inmunidad adaptativa son los anticuerpos o inmunoglobulinas, que neutralizan el microbio o facilitan su eliminación mediante células innatas. También desempeñan un papel importante los linfocitos B, que secretan anticuerpos; y los linfocitos T, tipo CD4+ y CD8+, que eliminan las células infectadas, producen citocinas, regulan la inflamación y ayudan a los linfocitos B.
En cambio, las células innatas reconocen patrones moleculares asociados a patógenos que no son específicos, como los antígenos, pero que son clave para activar tanto las células innatas como las adaptativas, y que constituyen elementos esenciales de las vacunas (los ‘adyuvantes’).
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11 ago 2021

Las afirmaciones falsas de Arturo Vinuesa sobre el coronavirus y la COVID-19.

MALDITA CIENCIA.
Nos habéis consultado por un vídeo que circula al menos desde agosto del médico de familia especializado en las pseudociencias homeopatía, constelaciones familiares y biodescodificación Arturo Vinuesa, colegiado en Navarra, en el que realiza afirmaciones falsas sobre el coronavirus, la COVID-19, las PCR y el 5G.
Articulo entero.

28 jul 2021

Antiintelectualismo y covid-19: ¿vuelve el culto a la ignorancia?

Durante la pandemia los científicos han aclarado dudas y también han visto cómo sus mensajes generaban recelo. En tiempos de miedo e incertidumbre, la desconfianza hacia los expertos ha aflorado, sobre todo en países donde las élites políticas usan una retórica que polariza la opinión pública. Este fenómeno ha tenido un papel importante en el último año y medio, pero es difícil predecir su evolución.

“Guárdense del consenso de los ‘expertos’”, advertía desde su titular un artículo de opinión publicado en el Washington Post por la columnista Megan McArdle a finales de mayo. “Parece que [este] era algo ilusorio y habría sido bueno recordar que, como el resto de nosotros, los científicos son propensos al pensamiento grupal y que las preocupaciones no científicas pueden infiltrarse en sus declaraciones públicas”, arrancaba el texto.
McArdle explicaba lo fácil que era caer en “la trampa de ‘los expertos dicen” y sugería que esta “ilusión de cuasi infalibilidad” prometía certezas en una época en la que el mundo está siendo mucho menos predecible de lo que pensábamos.
¿Razonable? El artículo criticaba que el “consenso de los expertos” hubiera encerrado en un ataúd la desde entonces resucitada hipótesis —hasta la fecha sin evidencias— de que el SARS-CoV-2 salió de un laboratorio de China.
“Los expertos no nos han contado la historia completa sobre la teoría del escape del laboratorio durante un año, ¿cómo sabemos si nos están contando la historia completa sobre el cambio climático?”, se preguntaba en Twitter el senador conservador australiano Matthew Canavan días después. De alguna forma, había seguido el consejo de McArdle.
Las palabras de Canavan son reflejo del llamado “antiintelectualismo”, la desconfianza hacia los expertos. No es un problema nuevo: “En Estados Unidos hay un culto a la ignorancia, y siempre lo ha habido. […] Ahora los oscurantistas tienen una nueva consigna: ‘¡No confíes en los expertos!”, escribió en 1980 Isaac Asimov en una columna sobre este tema publicada en Newsweek. Hoy, algunos investigadores se preguntan cómo afecta esta actitud a la percepción de la pandemia.

Contra los expertos

“El antiintelectualismo ha jugado un papel poderoso moldeando la reacción del público a la pandemia”, aseguraban los autores de un estudio publicado este año en la revista Nature Human Behaviour. El coronavirus ha bajado a la propia ciencia de su pedestal, pero son los expertos e investigadores quienes están en primera línea: comunican mensajes de salud pública, desmienten bulos y forman parte de la respuesta de los gobiernos a la covid-19.
Esta desconfianza, aplicada a la pandemia y según los autores del trabajo, reduciría la percepción del riesgo que supone el coronavirus y la adherencia a las medidas, y aumentaría las percepciones erróneas.
Los resultados, obtenidos a partir de encuestas con miles de canadienses, confirmaron esa hipótesis. “El antiintelectualismo supone un reto fundamental para mantener e incrementar el cumplimiento del público de las directrices de salud pública contra la covid-19 planteadas por los expertos”, concluían en el artículo.
El investigador de la Universidad de Ontario (Canadá) y coautor del trabajo, Eric Merkley, asegura a SINC que son muchas las razones que pueden llevar a la población a desconfiar de los expertos. “Pueden tener creencias populistas por las que ven a los expertos como un grupo de élites que se opone a los intereses de la gente”, asegura. Así, la ideología puede empujar a algunas personas a “rechazar” la opinión de los especialistas.
Merkley pone como ejemplo el cambio climático: “Tiene implicaciones políticas que se oponen a las creencias que tienden hacia la derecha, por lo que este tema puede crear animosidad frente a los expertos”.
Otro motivo, afirma, es la religiosidad, “típicamente ligada al antiintelectualismo porque la autoridad científica en ocasiones se ve como una amenaza para la autoridad religiosa”. También el miedo a la tecnología. “La conclusión es que científicos y expertos tiene un poder sobre las decisiones políticas que los lleva a tomar posiciones que amenazan los intereses y valores de ciertos grupos de ciudadanos”, añade Merkley.
El investigador advierte de que estas actitudes “importan” en países como Canadá y Estados Unidos, donde han “moldeado” las actitudes y el comportamiento del público en todo lo que rodea a la pandemia de covid-19.

Desconfianza en tiempos de crisis

El sociólogo de la Universidad Autónoma de Madrid Josep Lobera considera normal que estas mentalidades afloren en tiempos difíciles. “Es mucho más fácil vender que el pueblo está mal por culpa de las élites políticas, científicas y tecnocráticas cuando hay una crisis”, explica. Ante eventos complejos sin una explicación sencilla y rodeadas de miedo e incertidumbre, determinadas personas se “activan” y “compran” este tipo de ideas.
Lobera cree que es importante “delimitar bien las fronteras” al hablar de este tema. Separa así entre la mentalidad anticiencia —minoritaria en España, según explica—, la conspirativa y el populismo anticientífico. Este último lo identifica con Trump y Bolsonaro y sus “interpretaciones políticas” de la ciencia. Sería, por lo tanto, una “rama política” distinta de las otras dos, aunque “a veces se entrecrucen”.
Estas posiciones no son un bloque cerrado y delimitado. “Tienen un rango muy amplio que va desde las dudas razonables, sutiles e informadas hasta el descreimiento total ante cualquier informe técnico no avalado por el partido político afín”, matiza Lobera.
También aclara que son actitudes que siempre han estado ahí, en ocasiones escondidas dentro de cada persona. “En 2019 no veías personas conspiranoicas porque el mundo estaba tranquilo. De repente, en 2020 te sientas con mascarilla en una terraza con tu primo y descubres una dimensión suya que no conocías porque el contexto es diferente”, comenta. “Él siempre ha sido así, se defiende de esa forma de una incertidumbre que hasta entonces no existía a ese nivel”.

Una actitud más positiva...

Aunque el trabajo de Merkley advierta de los peligros de la desconfianza hacia los expertos, lo cierto es que la actitud de la población ante la ciencia ha mejorado durante la pandemia. Así lo muestran numerosas encuestas publicadas por todo el mundo en el último año.
El investigador de la Universidad de Warwick (Reino Unido) Eric Jensen cree que la actitud de la población se ha vuelto más positiva hacia la ciencia y asegura no ver evidencia de que haya un “sector creciente” de personas con mentalidad antiintelectualista. Merkley tampoco lo piensa. De hecho, espera que la confianza aumente debido a que “la ansiedad de la gente ha hecho que se vuelvan hacia las autoridades científicas”.
“En estos tiempos de desinformación son unas raras buenas noticias”, aseguraba Jensen en una correspondencia publicada en Nature en la que compartía los resultados de algunas de estas encuestas. Por ejemplo, los niveles de confianza en la ciencia aumentaron en Alemania de un 46 % en 2019 a un 60 % en noviembre de 2020, antes de que se aprobaran las vacunas contra la covid-19. El pico, sin embargo, se alcanzó en abril de 2020, con un 73 % de apoyo.
Lobera afirma que esos vaivenes nos recuerdan no debemos sacar conclusiones precipitadas, al menos en el caso de España. “Con los datos de nuestro país no podemos decir que la gente confía más en la ciencia”, dice. “Para la gente ha sido un año y medio de shock, y en ese contexto hay quien reacciona creyendo en la ciencia y poniéndole velas como si fuera infalible; y hay quien duda del cura y del científico”.
Por eso cree importante esperar a que cada sector salga del estado de conmoción imperante para ver cómo se modula todo. En tiempos difíciles, algunos tienen una actitud “exageradamente confiada y cientifista” y otros reaccionan ante la incertidumbre con pensamientos conspirativos.

… pero más polarizada

Jensen admite que puede haber “una pequeña tendencia hacia la polarización” que haga que la visión de las personas sobre estos temas se vuelva más firme, ya sea hacia un lado o hacia otro. Lobera coincide con esa apreciación y pide prudencia: “La pandemia nos polariza, no podemos hablar de una tendencia social”, aclara. “Tenemos tendencias sociales divergentes, con grupos con una mayor confianza en la ciencia y grupos con una mayor mentalidad conspirativa y anticientífica”.
Esta polarización ya la sugirió la tercera ronda de la Encuesta de Percepción Social de aspectos científicos de la covid-19, elaborada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y dirigida por Lobera. Según sus resultados, uno de cada cuatro españoles cree que existen organizaciones secretas que influyen en las decisiones políticas y casi un tercio piensa que las mascarillas son malas para la salud.
Las futuras encuestas de percepción de la ciencia deberán ser muy cuidadosas a la hora de evaluar los cambios en la polarización de la ciudadanía, explica Lobera. “Será interesante, porque puede que la media no cambie mucho pero cuando mires más a fondo resulte que haya grupos que se han ido hacia los extremos”.
¿Qué sucederá cuando acabe todo? “Es imposible saber si estos cambios hacia una mayor confianza en la ciencia se mantendrán a largo plazo más allá de la pandemia, pero hay una buena posibilidad de que perduren”, confía Jensen. Pone como ejemplo un precedente histórico: el ambiente procientífico que siguió a los logros científicos y tecnológicos de mediados del siglo XX.
Lobera es más cauto: “Vamos a salir más desiguales de esta crisis en lo referente a creencias, estado de ánimo e interpretaciones. Las teorías conspirativas durarán décadas”.
“Hay quien tendrá la pandemia en su vida durante muchos años, o seguirán anclados en 2020 y 2021. Algunos no recuperarán su economía, su vida ni su pareja perdida. Otros están hoy peor que nunca”, dice. Por el contrario, “hay grupos que ya se han olvidado de la covid-19”. Por eso no ve la situación en términos de principio y final, sino como “un chicle que se estira” más para unos que para otros.

Receta contra el antiintelectualismo político

Merkley aclara que el antiintelectualismo puede variar entre grupos de ciudadanos, contextos nacionales y a lo largo del tiempo, pero que existen pocos datos para plantear un perfil demográfico común entre países.
“Según los datos de Canadá y Estados Unidos, los individuos con un alto sentimiento antiintelectualista tienen un nivel educativo y socioeconómico menor, son más religiosos y tienden a vivir en áreas rurales y ser hombres”, resume. “Tienen menos aptitudes científicas, una menor inclinación a evaluar con cuidado la información nueva y se inclinan hacia la derecha política y el populismo”.
Este perfil, sin embargo, no tiene por qué ser extrapolable a otros lugares. Asegura que no existe evidencia de que el sentimiento antiintelectual sea “más pronunciado” en unos países que en otros pero, de nuevo, compara las similitudes entre Canadá y Estados Unidos.

Hace falta un consenso

“La diferencia fundamental que separa a países como Estados Unidos y Brasil del resto es el grado en el que las élites políticas usan una retórica antiintelectual para polarizar a su público”, comenta Merkley. Cuando medios y partidos concretos recurren a ella, la “atan a un conflicto ideológico con una extensión mucho mayor”. El resultado, advierte, tiene “enormes consecuencias para la salud pública”. Pone como ejemplo las “catastróficas” tasas de vacunación en los estados republicanos de Estados Unidos.
Merkley explica que lo más importante para evitar el antiintelectualismo es que políticos y partidos alcancen un consenso para que este concepto no quede unido a una ideología polarizada concreta. “Ese barco ha zarpado en varios países”, asegura. La solución, según el investigador, pasa por elevar los mensajes de aquellos líderes de opinión que “se toman la covid-19 en serio” y atraer a los ciudadanos con este tipo de mentalidad.
“Puede haber formas de plantear la vacunación de la covid-19 de formas que atraigan a los conservadores que desconfían en los expertos más allá de simplemente apoyarse en la autoridad científica para lograr esa persuasión”, añade Merkley.
En contextos tan polarizados como el de Estados Unidos, piensa, este viaje será una “enorme cuesta arriba”. El club de la ignorancia que denunciaba Asimov hace 40 años no desaparecerá con el coronavirus. Con suerte, tampoco aumentará su lista de miembros.

8 jul 2021

Qué se sabe sobre la duración de las defensas contra el SARS-CoV-2.


Agencia SINC
Las evidencias acumuladas hasta ahora apuntan a que las defensas contra el COVID-19 de las personas que ya lo han superado duran años. Los inmunólogos apuestan por que las vacunas generan una protección igualmente duradera, que se comprobará con el paso del tiempo.
Representación 3D de un linfocito B / CC Blausen.com staff (2014).

¿Cuánto duran las defensas que genera naturalmente el organismo después de la infección por el SARS-CoV-2? ¿Cuánto las que induce la vacuna? La respuesta rápida es: no se sabe todavía. “El corto periodo de relación del SARS-CoV-2 con el ser humano hace que se desconozca aún la duración de la memoria inmune y la inmunidad protectora después de COVID-19 y en respuesta a las vacunas COVID-19”, se afirma en un reciente informe del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES).
Pero, aunque el conocimiento sólido aún no esté disponible, el esfuerzo de inmunólogos de todo el mundo en año y medio de pandemia empieza a dar sus frutos.
Los primeros trabajos con datos de pacientes casi un año después de la infección apuntan “hacia lo que los inmunólogos defendemos, que la infección por SARS-CoV-2 puede generar en la mayoría de los sujetos una inmunidad protectora por mucho tiempo”, afirma Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI).
En cuanto a las vacunas, “esperamos que puedan inducir un fenómeno semejante, aunque aún no está demostrado y debe comprobarse”, dice López Hoyos.
También para Manel Juan, jefe de Servicio de Inmunología del Hospital Clínic, lo más probable “mientras no se demuestre lo contrario (y no cabe esperar que sea distinto)”, es que la inmunidad generada por las vacunas sea igualmente duradera.
El primer obstáculo para alcanzar certezas en este punto es —ya se ha dicho— nuestro escaso tiempo de convivencia con el SARS-CoV-2. Pero hay más desafíos, relacionados con la propia complejidad de la respuesta inmunitaria humana.
Memoria inmunitaria
La respuesta defensiva humana tiene muchos actores, cada uno con funciones específicas. Para evaluar su duración una vez superada la infección los inmunólogos se centran en la inmunidad llamada adquirida o adaptativa, que permite el desarrollo de la memoria inmunitaria: el sistema recuerda los patógenos a los que se ha enfrentado y ante una nueva amenaza de infección genera rápidamente las armas específicas para neutralizarlos -por ejemplo, los llamados anticuerpos neutralizantes.
Entre los agentes responsables de la memoria inmunitaria están los anticuerpos, producidos por los linfocitos B; los linfocitos T cooperadores, o T-helper; los linfocitos T citotóxicos; y otras células que adquieren su especificidad a través de los anticuerpos.
Grandes diferencias entre individuos
Al desafío que supone analizar el comportamiento de cada uno de estos elementos se suma el hecho de que la respuesta inmunitaria varía mucho de una persona a otra. Esto, según se ha observado, es especialmente acusado en el caso del nuevo coronavirus.
“La característica definitoria de la memoria inmune de COVID-19 es la heterogeneidad”, señala el informe del CCAES. “Los distintos compartimentos de la respuesta inmune, los anticuerpos específicos frente al virus, las células B de memoria, las células T CD4 + de memoria y las células T CD8 + de memoria, presentan patrones diferentes en los distintos individuos y a lo largo del tiempo”.
Aun así, varios estudios han evaluado ya la memoria de los linfocitos T y B a los seis meses o más después de la infección. “Al evaluar específicamente las células T a los seis meses después de la infección en 95 sujetos, un estudio encontró células TCD4 + de memoria en el 90% de los casos y células TCD8 + de memoria en el 70% de los casos “, añade el informe.
Representación 3D de un linfocito T / CC Blausen.com staff (2014).

A largo plazo
Otros trabajos hallan resultados similares. La evidencia, en conjunto, apunta a que las células B de memoria incluso aumentan con el tiempo. Medio año después de la infección estas células no solo han crecido en número, sino que experimentan “una maduración por afinidad y expresaron anticuerpos neutralizantes de mayor potencia”, resume el documento del CCAES.
En mayo, otra publicación en Nature también concluía que la inmunidad a largo plazo es una realidad. El estudio, con 88 personas, concluye que incluso las que han superado la infección con síntomas leves generan defensas “robustas duraderas”.
Adaptarse a cambios en el virus
“Esto es lo habitual en todas las infecciones exitosas, donde la respuesta inmunitaria puede eliminar al patógeno”, explica Manel Juan. “Cuando el patógeno desaparece, la cantidad de anticuerpos disminuye, pero no la memoria inmunitaria. Esta memoria permite incluso adaptar la respuesta a variantes del patógeno que inicialmente no sean del todo reconocidas por el sistema inmunitario. Por esta característica, el sistema inmune específico también se llama adaptativo”
El reciente trabajo en Nature describe por primera vez la presencia de las llamadas “células plasmáticas en médula ósea de larga vida” (Bone Marrow Long Lived Plasma Cells) tras la infección del SARS-CoV-2, también a los 11 meses de la infección.
Células productoras de anticuerpos neutralizantes
Como explica Marcos López Hoyos, “son células que se producen tras la primoinfección, son productoras de anticuerpos neutralizantes y con gran capacidad protectora frente al virus, que anidan en médula ósea y que, aunque hasta ahora se han detectado once meses después, es muy probable que sobrevivan durante años y quizás toda la vida”, añade.
Para Juan, estos resultados “como siempre, necesitan la confirmación real, que es esperar años. Pero sí que son muy consistentes y debe considerarse así hasta que no se demuestre lo contario. Sería una gran sorpresa científica que hubiera al final un comportamiento distinto con una duración por debajo de décadas”.
De la misma manera concluye el informe del CCAES: “A la espera de nuevos estudios, con los datos disponibles hasta ahora, es probable que la memoria de las células T, la memoria de las células B y los anticuerpos persistan durante años en la mayoría de las personas infectadas por el SARS-CoV-2”.

7 jul 2021

La investigación del CSIC sobre el cáncer.

Este número muestra la investigación del CSIC sobre el cáncer en las áreas de investigación básica: inicio del cáncer, metástasis, reacción sistémica, terapias, inmunoterapia, nuevos fármacos, detección y prevención. También aborda la transferencia del conocimiento (innovación), la cooperación internacional, formación, la cultura científica y los institutos de referencia del organismo en oncología. También cita los retos recogidos en el Libro Blanco del CSIC sobre Biomedicina, como la creación de un Instituto Virtual del Cáncer que coordine toda la investigación en oncología de la institución.


9 jun 2021

Todos podemos caer en bulos sobre la covid, también los sanitarios.

Desde los primeros meses de la pandemia, la sociedad y los medios de comunicación han construido muchas teorías sobre el origen del virus y las estrategias de los poderes mundiales. Algunos de ellos se han convertido en bulos que han calado en la población, incluso entre los profesionales de la salud.
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“Una de las características de los bulos es que la narración de la historia tiene que parecer verosímil y tiene que contener un principio de autoridad. Por lo tanto, si la historia contiene el nombre de algún profesional, o bien es alguien que indica que trabaja en un hospital, eso garantiza que se va a difundir con mayor facilidad”.

8 jun 2021

¿Es hora de investigar si el nuevo coronavirus salió de un laboratorio?

Una carta publicada en Science pide dilucidar el origen del SARS-CoV-2 sin descartar la hipótesis de un fallo humano. La mayoría de virólogos cree que esta posibilidad es muy poco factible y, en cualquier caso, no implicaría ingeniería ni intencionalidad; incluso critican que los autores busquen con firmas lo que no consiguen con pruebas. Todos los datos defienden que el origen animal es el más probable.

31 may 2021

El lobo debe equipararse legislativamente con otras especies emblemáticas de nuestra fauna.

Fuente: SINC
A partir del 25 de septiembre el lobo entrará en la lista de protección especial que prohibirá su caza. En otros países, como Portugal, desde los años ochenta ya tiene esta consideración y reciben fondos de Europa para su conservación.
El lobo (Canis lupus signatus) es uno de los estandartes de la fauna ibérica endémica de nuestro país. En septiembre entrará en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE), por lo que su caza pasará a estar prohibida.
Ángel M. Sánchez, investigador del departamento Ciencias de la Vida de la Universidad de Alcalá de Henares, es además el director voluntariado del Censo Lobo Ibérico. Este proyecto ciudadano publicó un manifiesto para que se incluyese al lobo en el listado y lleva años recopilando datos científicos de las poblaciones.
¿Por qué es necesario que el lobo entre en la lista?
No tiene sentido que el lobo ibérico, en una suerte de ‘racismo zoológico’, no tenga el máximo grado de protección por su relevancia como especie bandera —indispensable para el correcto funcionamiento y la buena salud de los ecosistemas ibéricos—. Esto ya ocurre con el oso pardo, el lince, las aves rapaces o los modestos herpetos, sin ir más lejos, desde hace muchos años.
¿Cuál es su situación en los países vecinos?
En Portugal el lobo lleva protegido estrictamente desde los años ochenta. Es más, estos animales, que en su gran mayoría son transfronterizos, están dotados con importantes fondos públicos de la Unión Europea para su conservación. Sin embargo, mueren todos los años a decenas durante la temporada de caza en cuanto cruzan la raya fronteriza con España. Esta situación es un sinsentido ecológico y también económico. Se están dilapidando a conciencia fondos públicos europeos año tras año, matando lobos en España transfronterizos cuya conservación ha sido subvencionada con dinero público.
¿Y en Francia?
Los franceses cuentan con una población mucho menor que la de España, con aproximadamente 500 lobos, y está prohibida la caza. Sin embargo, por presiones ganaderas —los lobbies ganaderos y cinegéticos son aún más poderosos que aquí—, todos los años se matan aproximadamente entre 100 y 150 individuos, y pretenden incrementarlo en un futuro próximo.

¿Qué razones llevan a que varias regiones del norte se opongan a su protección?
Los motivos por los que Galicia, Asturias, Cantabria, Castilla y León, entre otras, se oponen, son puramente económicos y políticos. De lo que se olvidan los gobiernos de esas Comunidades Autónomas es de que el sector agroganadero cobra importantes subvenciones europeas de la PAC que conllevan claros compromisos ambientales de conservación de hábitats y biodiversidad, la conservación del lobo entre ellos. No se debería poder cobrar estas ayudas si a la vez se presiona para poder cazar estas especies, muchas veces hasta la extinción, como sucede en la sierra de Cuera asturiana.
¿De qué forma repercute en los ganaderos su presencia en los montes?
Los ataques del lobo, muchos de ellos falsos o no debidamente peritados para evitar conflictividad, afectan a menos del 1 % de la cabaña ganadera española. Esto sería perfectamente subsanable con la actuación decidida de las administraciones y, sobre todo, con la implementación de adecuadas medidas preventivas o disuasorias, por parte de los profesionales del sector ganadero.
¿Cómo favorece el lobo al equilibrio y la biodiversidad del territorio?
La importancia de los grandes depredadores como los lobos en los ecosistemas es vital. Controlan el tamaño poblacional de sus especies presa, los ungulados silvestres, que en sobrepoblación pueden influir negativamente sobre la vegetación. Asimismo, limitan la presencia de mesodepredadores como los zorros, que también influyen negativamente sobre otras especies como perdices o conejos cuando aumentan sus poblaciones. Pero, además, desencadenan procesos beneficiosos denominados “cascadas tróficas”. Es decir, contribuyen incluso a la protección contra la erosión de bancos ribereños, al disminuir la presión de ramoneo de los herbívoros y favorecer el crecimiento de vegetación arbórea.
Por otro lado, favorecen la generación de zonas de concentración de nutrientes en las áreas donde devoran a sus presas. Eso sin contar con su contribución como sanitarios del ecosistema, ya que disminuyen la propagación de enfermedades que redunda en la propia salud humana y la de su ganado. Los grandes depredadores, como el lobo, son indispensables para el funcionamiento de los ecosistemas.
¿Qué parámetros ha tenido en cuenta el comité científico para incluirlos en un régimen de protección?
El principal problema de conservación para la población de lobos en la península ibérica lo representa su aislamiento poblacional y con ello, la escasa variabilidad genética de la especie comparada con poblaciones de otras zonas donde no ha sido sometida a tanta presión humana. En los años 70 del siglo XX, la especie fue sometida a un tremendo estrés poblacional debido a la caza, legal e ilegal, a los envenenamientos o mediante las llamadas Juntas de Extinción de Animales Dañinos y Protección de la Caza. Estuvo en grave peligro de extinción.
Hubo un cuello de botella genético por el que unos pocos individuos supervivientes, incluso emparentados, dieron lugar a la población actual, de muchos más individuos, pero genética muy empobrecida. El estado de conservación de la especie en la actualidad, debido a una escasa variabilidad genética, es muy delicado.
¿Cómo afecta a la especie que exista poca variabilidad genética?
Implica una menor adaptabilidad a los cambios ambientales y, con ello, pone en peligro a toda la población ante la llegada, por ejemplo, de una enfermedad. Si en los próximos años, no se favorece el desarrollo de corredores biológicos seguros para el lobo, que permitan la entrada de nuevas genéticas centroeuropeas a través de los Pirineos y su posterior dispersión a nivel peninsular, además de prohibir su caza e incluir a la especie en el listado, el lobo ibérico se vería de nuevo seriamente amenazado de extinción en las próximas décadas.
Capitanea un proyecto de censo de lobos en España. ¿Por qué no hay un seguimiento sistemático y unas bases de datos de la especie si el territorio de la Península no es tan amplio?
No hay interés por parte de los diferentes gobiernos autonómicos con presencia de lobo y existe una especie de limbo legal de protección de la especie. Se trata de bienes superiores de interés común que apenas pueden protegerse adecuadamente sin la colaboración de los diferentes países. Mucho menos tratándose de regiones del mismo Estado con diferentes legislaciones y discrepancias de gestión.
¿Es difícil seguir el rastro de las manadas?
La dinámica de la propia especie es muy compleja y requiere un trabajo meticuloso y esforzado de años. De esta forma se conseguirían recoger los datos adecuados que, tras su análisis, permitirían una gestión científica del lobo en España. Esto no ocurre y todo se hace según estimaciones, más o menos a conveniencia de la Administración. Hoy más que nunca es necesaria una legislación unificada para poder proteger adecuadamente a esta especie y de este modo poder asegurar su futuro, que en ningún caso lo está.
¿Cuáles son las últimas estimaciones que han hecho de la población actual?
La última estimación nacional corresponde a los años 2012 y 2014. Se concluye que en España habría 297 manadas. El número se hace teniendo en cuenta estimaciones, así que en ningún caso sería exacto. Aun así, el lobo está cada vez más restringido en la franja noroeste peninsular. No tiene capacidad alguna de dispersión hacia sus territorios históricos meridionales de donde se ha extinguido recientemente, como Andalucía, Extremadura o Montes de Toledo. Tampoco donde han disminuido sus poblaciones hasta casi desaparecer (Salamanca, Soria, Guadalajara, País Vasco, etc.).
¿En qué situación real se encuentran entonces?
No estamos de acuerdo con el tamaño medio de manada oficial, de 8 a 10 individuos o grupo familiar, sino del más real, de 3 a 5 individuos por manada, que se constata en campo y en estudios científicos recientes. De esta forma, las cifras poblacionales que se utilizan para justificar los controles de la especie serían mucho menores en realidad y se acercarían a los 1.000 o 1.500 lobos como máximo.
Hay que considerar además la enorme mortalidad no natural de la especie que es la que impide que se disperse hacia sus territorios históricos. Esta es más o menos igual o incluso mayor que la tasa de reclutamiento de la especie [número de ejemplares jóvenes que se incorporan a la población].
¿Qué aportaciones tiene su reintroducción?
Existe un video muy conocido en YouTube, así como diversos artículos que describen a la perfección todas estas cascadas tróficas beneficiosas que ha desencadenado la reintroducción, por ejemplo, en 1995 de los lobos en el Parque Nacional Yellowstone en USA y los rápidos cambios que se han producido en un ecosistema degradado.


Tiene además un valor cultural e histórico innegable y puede representar un importante recurso económico sostenible, como el turismo, para las zonas rurales degradadas y despobladas donde suele habitar.
¿Cómo ve el futuro de la especie?
La inclusión del lobo en este listado, sin duda, mejora la situación actual de conservación en España, que es realmente mala. Aunque si va a permitir los controles poblacionales como hasta ahora, tendremos una situación similar a la que se produce en Comunidades Autónomas y provincias al Norte o el Sur del Duero, donde el lobo está protegido y no es especie cinegética y se le continúa matando por decenas todos los años.
El Ministerio para la Transición Ecológica debe ser valiente y dar el paso para equiparar legislativamente al lobo con otras especies emblemáticas de nuestra fauna. Actores privados e interesados no pueden seguir decidiendo e influyendo negativamente sobre la conservación de nuestro Patrimonio Natural Común. Por último, se debe favorecer la creación de corredores seguros (sin caza), tanto dentro del territorio español, como paneuropeos, para favorecer el intercambio genético entre las diferentes subpoblaciones. Las poblaciones de lobo ibérico son probablemente las más aisladas y de menor variabilidad genética de toda Europa.

 
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