14 may 2018
Artefacto para la Negación Histórica del Ayuntamiento de Madrid: Un epitafio
Público/Blog Verdad, Justicia y Reparación
Por Luis Suárez, miembro de La Comuna.
¿Demasiada memoria histórica?
Sucede que la memoria histórica, como el cambio climático, es una verdad incómoda. Por el retrovisor irónico de la historia, la pregunta es: ¿qué futuro dejaremos a nuestros antepasados?
Manuel Rivas
En fechas recientes, un conjunto de organizaciones memorialistas, de lucha contra la impunidad y de derechos humanos se han dirigido a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, para expresarle su definitivo rechazo al denominado Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid, al que en esta nota me referiré, por claridad y por llamar a las cosas por su nombre, como Artefacto para la Negación Histórica (ANH).
Su composición, pretendidamente ‘equilibrada’, en realidad resultaba inoperante para los supuestos fines memorialistas: La ‘comisionada’, Francisca Sauquillo, procuró llenar el Artefacto de notorios enemigos, o al menos escépticos, de la memoria democrática, empezando por el escritor Andrés Trapiello, propuesto por el grupo municipal de Ciudadanos y enemigo declarado de la memoria histórica.
Para sacarnos de dudas, tanto el propio Trapiello, como otro miembro del Artilugio, el historiador Octavio Ruiz, han suscrito, junto con un ejército de Pancho Villa del negacionismo compuesto por 200 ‘intelectuales’, un ‘Manifiesto por la Historia y la Libertad’ dado a conocer a mediados del pasado mes de marzo, cuyo fin declarado es el rechazo a la Ley de Memoria Histórica del año 2007, así como a cualquier posible iniciativa similar.
Vamos, que esa composición sería como, si habiéndose decidido montar un Comisionado de la Igualdad de Género, se hubiera decidido aplicar una ‘equilibrada’ selección entre feministas y machistas para sus integrantes.
Los fines que se autoasignó el Artefacto también eran un dechado de incoherencia y confusión, con menciones al recuerdo de las personas que sacrificaron su vida y libertades para defender valores y principios democráticos (¿recuerdo? ¿y su derecho a la verdad justicia y reparación?) ante la represión de dictaduras o formas autoritarias de gobierno (toma desmemoria y lenguaje eufemístico, por no decir directamente falsario).
El tiempo transcurrido y la (muy escasa) labor realizada por el Artefacto no han hecho sino confirmar, lamentablemente, esa valoración inicial, así como generar un creciente desconcierto en cuanto al sentido práctico de su pervivencia. Pues, al cabo, su función parece haber sido sólo la de filtro entre la sociedad civil y el consistorio municipal; un burladero tras el que las autoridades electas podían parapetarse mientras los colectivos sociales eran toreados con el señuelo de una aséptica y neutral defensa de las víctimas de la violencia y una aplicación light de la ley de memoria histórica, en un apartado ruedo semi-institucional.
En estas pasadas semanas el Artefacto nos ha deparado sus últimos (¡ojalá!) ejercicios esperpénticos alrededor de la decisión municipal de creación de un monumento a los aproximadamente 3.000 republicanos fusilados por las autoridades rebeldes en las tapias del cementerio de La Almudena de Madrid, entre 1939 y 1944, fundamentada en un riguroso informe dirigido por el historiador Fernando Hernández Holgado.
Primero, algunos de sus reputados miembros, en concreto los también historiadores Ruiz Manjón y Álvarez Junco, han salido en defensa de la propuesta del grupo popular del ayuntamiento de excluir del memorial a los republicanos asesinados que hubieran antes participado, supuestamente, en crímenes en la retaguardia republicana.
Por ilustrar mediante un paralelismo esa ‘idea’: esos historiadores propondrían, suponemos, que en los memoriales de los campos de exterminio nazis, o de las dictaduras del Cono Sur, dónde, como mínimo tributo exigible, se incluyen todos los nombres conocidos de las víctimas, se excluyera a aquellas que fueran sospechosas de algún crimen previo. Es decir, que se suprimieran las víctimas gaseadas, torturadas hasta morir, o lanzadas desde el aire…merecidamente.
Las siguientes ocurrencias del Armatoste en esa misma línea han sido, por una parte, eliminar del memorial los nombres de las víctimas fusiladas por el franquismo, y, ya puestos ¡ale hop! colocar otro memorial compensatorio (¡ah, esa querencia por la simetría!), dedicado a las víctimas de la violencia en el Madrid republicano entre el 36 y el 39.
Mensajes que así nos envía el Artilugio: a) las víctimas del genocidio franquista no deben nombrarse; b) las víctimas franquistas, reiteradamente nombradas, homenajeadas y compensadas desde la infausta Causa General, deben ser una vez más reconocidas para subrayar la doctrina de los ‘dos bandos’ equivalentes.
Pero, por mucho que se esfuercen los embaucadores, los ‘top manta’ de la falsificación ahistórica, su producto resulta infumable. Y es que, sencillamente, el genocidio franquista no puede equipararse, ni reflejarse simétricamente en un espejo ideal, con los desmanes y errores cometidos en la IIª República, o en las zonas bajo control de esta durante la guerra; y no se puede ni por las enormes diferencias cuantitativas, ni por el hecho de que mientras los republicanos defendían la legalidad democrática los franquistas intentaban imponer, con el respaldo nazi, un golpe militar fascista.
Ni tampoco porque mientras que los posibles delitos republicanos fueron expurgados y duramente sancionados en la posguerra, en un contexto de especial arbitrariedad y carencia de garantías jurídicas, los crímenes e innumerables tropelías (expolios patrimoniales, esclavismo, robo de bebés, depuraciones…) sobre las que los ‘vencedores’ construyeron el nuevo régimen, nunca hasta hoy han sido llevados ante la justicia.
Y tampoco son comparables por su efecto histórico: Como resultado del genocidio franquista no sólo hubo víctimas individuales, cientos de miles, la sociedad española en su conjunto fue víctima, experimentando un retroceso en todos los órdenes de varios decenios, medio siglo dentro de un pozo de avasallamiento y mediocridad.
Para entenderlo mejor: las víctimas del franquismo fueron todas las personas que, aunque no fueran perseguidas ni represaliadas, aun no siendo republicanas, e incluso considerándose ideológicamente ‘del régimen’, se vieron despojadas de sus derechos como trabajadores y ciudadanos, como jóvenes o como mujeres, de su derecho a la información y la cultura, de su derecho al ejercicio de las libertades básicas. Las víctimas fuimos varias generaciones completas crecidas en el ambiente plomizo y casposo de la larga posguerra; las víctimas siguen siendo las generaciones post-franquistas, herederas de una sociedad clerical, patriarcal, corrupta y seudo-democrática.
De eso hablamos cuando hablamos de memoria histórica democrática.eD nada de eso nos ha hablado el Armatoste. La verdad es que para este viaje que nos ha ofrecido el Ayuntamiento con su invento, desde el desprecio a la burla, quienes luchamos contra la impunidad del franquismo no necesitábamos alforjas, ni comisionados, ni nada.
Nuestro epitafio ante el final anunciado del Artefacto (ya está tardando el Ayuntamiento en disolverlo): desaparezca en buena hora, que no le echaremos de menos.
El PSOE impide desclasificar la documentación sobre la masacre de los sanfermines del 78
Iniciativa debate.net
El PSOE impide desclasificar la documentación sobre la masacre de los sanfermines del 78
La noticia podría titularse también como “El Congreso rechaza”, pero no se ajustaría a la realidad, porque la posición del voto del PSOE, al contrario del de PP y Ciudadanos, no se encuentra donde sus siglas e ideario indican, y ha sido el que ha impedido que la propuesta salga adelante. Otra vez más –y van ni se sabe cuántas– el presunto ‘socialismo obrero’ de los de Ferraz se dedica a proteger la imagen de la monarquía franquista. Porque hay que recordar que en julio del 78, la fecha de los sucesos, hacía ya casi tres años que había muerto el dictador, y el jefe del Estado era un rey plenipotenciario y heredero del fascismo en un país en el que gobernaba la UCD de Suárez más allá del meridiano de la legislatura constituyente y de las primeras ‘elecciones libres’ de julio del 77.
Sánchez y los suyos pueden por eso mismo cubrir de luces su postura para hacerla pasar por una verbena, apelar a la Ley de Amnistía, que no compete, y que ha pedido ser derogada por organizaciones como Human Rights Watch, Amnistía Internacional e incluso el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos por considerar que incumple la normativa internacional sobre derechos humanos, o decir como en otras ocasiones que se han equivocado de botón –la última hace un par de meses con la información del 23F–, pero hace mucho tiempo que toda esa verborrea ya no surte efecto. Y pese a todo hay quien se atreve a decir que es de izquierda por votar a estos peleles de la derecha.
Pero es que la cosa es todavía más llamativa, porque en Navarra la petición sí salió adelante con el voto favorable no solo de UPN, Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra, sino que contó también con el voto a favor del Partido Socialista Navarro (en total el 96% de los escaños) y la única abstención del PP, no contando con ningún voto en contra. Sin embargo, en la Comisión de Interior del Congreso español la misma Declaración aprobada en Navarra ha sido rechazada gracias al voto en contra de PSOE, PP y Ciudadanos.
Tanto perdón y arrepentimiento que se pide a ETA, también desde las filas ‘socialistas’, y a ver cómo le explican a las familias de víctimas inocentes que en su caso no hace falta que nadie pida perdón ni se arrepienta de nada. Que sus heridos de bala bien heridos están y que de sus muertos ‘ya tal’. Por ejemplo que se lo expliquen a Fermín Rodríguez, hermano Germán Rodríguez, joven asesinado por la Policía en aquellos sucesos, que en rueda de prensa ha hecho referencia a que nunca en estos cuarenta años ha recibido su familia de las instituciones estatales (Gobierno español, Ministerio español de Interior) «ningún tipo de atención, consideración ni solicitud de perdón» y que ya es hora, después de cuarenta años, «de dar pasos firmes a fin de conseguir verdad, justicia y reparación y fin de la impunidad para con este crimen».
Amaia Kowasch, miembro de la asociación Sanfermines 78, se ha referido a cómo hace también cuarenta años esta misma Comisión de Interior del Congreso aprobó por unanimidad «la exigencia de la máxima claridad en la información sobre los hechos y responsabilidades ocurridos y derivados de ellos». A pesar de ello, Kowasch ha resaltado el total incumplimiento de esta exigencia durante estas décadas y la importancia de acabar con el silencio impuesto, la memoria secuestrada y la impunidad con respecto a estos sucesos.
Finalmente, Sabino Cuadra ha denunciado el hecho de que acuerdos cuasi unánimes adoptados por el Parlamento de Navarra sean rechazados en el Congreso español de forma mayoritaria, ninguneando así a la principal institución navarra y agrediendo sus propias competencias. Ha hecho hincapié finalmente en la responsabilidad del PSOE que, si bien en Navarra fue proponente y votó a favor de la Declaración, en Madrid ha cambiado de postura impidiendo así que la PnL saliera adelante.
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